Entrevistas con mirada de género (I)

¿Cómo has vivido la huelga general feminista?

Mezcla de emociones, mezcla de miedos, mezcla de esperanzas. Algo nuevo que ves que bulle y que tiene potencia, pero que no sabes cómo ni por dónde puede salir, precisamente porque es nuevo. En el proceso, mucho trabajo. En nuestro caso, como supongo que en todos, nos ha permitido reunirnos con los movimientos de mujeres en un sentido amplísimo, con sus matices, contradicciones y  roces lo que, aunque parezca mentira, tranquiliza, pues no me gustan nada los bloques monolíticos.

Y el transcurso de la huelga, soberbio, eso sí, con nubarrones procedentes de los sindicatos mayoritarios que, haciendo un trabajo de “desmotivación”, por decirlo finamente, luego se intentaron colgar todas las medallas…. por delante de las mujeres.

¿En qué trabajas? ¿Qué problemáticas laborales  soportan las trabajadoras con más frecuencia en tu sector?

Trabajo para la administración pública. Se podría pensar que los problemas han de ser menores por ser un trabajo muy “organizado” y “convenizado” en todos los sentidos, pero no es así. Quizás los problemas aparecen de forma más sutil (conciliación, carrera, sueldos…) pero están ahí de forma sistemática, lo cual me lleva a un comentario quizás un poco al margen. Me hace gracia que, cuando se habla de conciliación siempre parece que es para hacerte cargo de otro “trabajo”, familiar, de cuidados… Creo que debemos ir mucho más allá en planteamientos, conciliación no tiene porque ser trabajo, puede ser poder salir a la naturaleza a triscar, por poner un caso.

¿Sientes que el mundo sindical es un espacio masculinizado? Nos puedes exponer los motivos?

El mundo sindical está tan masculinizado como tantos otros mundos que nos rodean. Los horarios, las costumbres y malos hábitos, la falta de un lenguaje común y el entendimiento. La falta de espacios auténticamente compartidos. Es decir, de espacios que construyamos con los compañeros y no espacios de los compañeros a los que debamos adaptarnos.

Una de mis respuestas a si era necesaria una huelga “para las mujeres” fue que es curioso que no nos preguntemos si es necesaria la solidaridad con cualquier colectivo en lucha, desde los metalúrgicos a los panaderos, y necesitemos hacer esa pregunta sobre un “colectivo” que representa al 50% de la población. Si no somos capaces de entender algo tan fácil, “masculinizado” seguirá siendo.

¿Crees que en los ámbitos de empleo, los feminizados, son valorados por los sindicatos?

En el ámbito de los mayoritarios, depende de donde sopla el viento. Ahora hablan de ellos porque no tienen otro remedio, pero creo que no sólo dan de lado a los feminizados, sino a todo lo que no les produzca un “beneficio” sindical. En nuestro caso, si se acercan y se ponen a la lucha se les trata como a cualquier otro.

¿Qué tarareas desempeñas en el sindicato?

Las que tienen que ver con Cultura que, a la corta, media y larga se convierten en muchas otras tareas de otros ámbitos, porque todo está entrelazado.

¿Cómo compatibilizas la vida militante con el trabajo, los cuidados?

Como puedo. Mi trabajo es exigente (y afortunadamente interesante) y mi (s) compromisos personales con la CNT y el mundo libertario son diversos y a veces un pelín colapsantes. Pero se sobrelleva con humor y buenas amigas y amigos.

¿Por qué crees que las mujeres deben estar sindicalizadas?

Porque creo que cualquier trabajadora ha de estarlo. Ha de unirse a sus iguales para proteger sus derechos y, más allá, su dignidad, y más allá, para transformar una sociedad a todas luces injusta.

¿Qué razones le darías a otra trabajadora para que realizase labor sindical con la CNT?

Porque es otra de las rupturas vitales necesarias. Porque es apostar por buscar tu propia voz también en el mundo laboral, sin ser parte de organizaciones paternalistas y dependientes del estado que se empeñan en hablar por ti (y, generalmente, para decir cosas absurdas).

No le diré que será fácil, no lo es en ningún sentido y en ningún lugar, pero con la CNT tiene una herramienta que, de manera personal y colectiva, sirve para ir hacia delante sin dejar jirones de dignidad por el camino.

Cinco huelgas de mujeres para abrir boca

Cinco huelgas de mujeres para abrir boca

Pese a la mayor precariedad de los sectores feminizados, las mujeres se han organizado en sus trabajos a lo largo de la historia en movilizaciones innovadoras en sus estrategias y que trascienden las reivindicaciones salariales. Estos son solo algunos ejemplos.

El movimiento feminista ha convocado una huelga global para este 8 de marzo. Una huelga que trasciende laboral, pero que también pretende incidir en ese ámbito. Pese a la mayor precariedad de los sectores feminizados, existen numerosos ejemplos de cómo las mujeres se han organizado en sus trabajos a lo largo de la historia.

Las huelgas de textil de principios del siglo XX en Cataluña, el sindicato de empleadas domésticas de Cazalla de la Sierra en el 36 o la huelga de Jaeger Ibérica en los 80 son solo algunos ejemplos de cómo las mujeres se han organizado en sus trabajos a lo largo de la historia, en movilizaciones innovadoras en sus estrategias y que, muchas veces, trascienden las reivindicaciones salariales.

Huelga de La Constancia, 1913

Una de las mayores movilizaciones a principios del siglo XX fue la promovida en 1913 por el sindicato femenino del Arte Fabril y Textil de Barcelona La Constancia. “Se inició el 30 de julio de 1913 y movilizó a entre 13.000 y 22.000 mujeres y, hasta su triunfo a finales de agosto, involucró en el paro a más de 50.000 huelguistas en un amplio marco territorial en Barcelona y otros centros de predominio textil, como Reus, Badalona, Manresa, Terrassa, Sabadell, Mataró, o Vilanova i la Geltrú”, recoge Mary Nash en ‘Trabajadoras : un siglo de trabajo femenino en Cataluña (1900-2000)’ . Las huelguistas querían aplicar la legislación laboral vigente de protección a las mujeres y los niños y sus demandas incluían una reducción de la jornada laboral a nueve horas, turnos de noche de ocho horas y aumentos salariales.

Sindicato de Empleadas del Servicio Doméstico de la CNT, 1936

En Cazalla de la Sierra, una de las huelgas más significativas fue la que protagonizaron las trabajadoras del servicio doméstico a primeros de junio de 1936”. Así lo cuenta José Antonio Jiménez Cubero en ‘Crónica local de la infamia franquista’ (autoedición, 2014)’. Tras varios intentos infructuosos de reunirse con sus patronos para negociar las condiciones de trabajo del gremio, las mujeres fueron a la huelga. “Durante la semana y media que duró el conflicto las trabajadoras realizaron varias manifestaciones por las calles principales de la localidad, además de organizar piquetes y presentar varias denuncias contra una serie de patronas que habían coaccionado a sus sirvientas para que no se sumaran a la huelga”, recoge Cubero. “Aunque al finalizar la tercera semana de junio el paro de criadas llegó a su término por agotamiento y las empleadas se reintegraron a sus trabajos nada volvería a ser lo mismo a partir de entonces en las relaciones interclasistas de la sociedad local”, sigue. Apenas dos meses después, el 12 de agosto de 1936, la localidad fue ocupada por las tropas sublevadas. De las diez que formaron parte de la dirección del Sindicato de Empleadas del Servicio Doméstico, cuatro fueron ejecutadas en los primeros meses de terror, otras cinco padecieron largas condenas de cárcel, y una fue depurada con la pérdida de empleo después del asesinato de su marido.

Las mujeres en las huelgas mineras de 1962, un papel crucial

La historia de la minería está llena de episodios de movilización en los que, pese a ser un sector altamente masculinizado, el papel de las mujeres ha sido crucial. Uno de los ejemplos más conocido es el del papel de las mujeres durante la huelga minera de Asturias en 1962, en pleno franquismo. Las mujeres cortaban carreteras, distribuían la recaudación de las cajas de resistencia, sostenían los hogares y organizaban piquetes en los que echaban maíz a los mineros que acudían a sus puestos (para señalarlos como “gallinas”). Este activismo desencadenó una dura represión contra ellas, como la ejercida contra Anita Sirgo, uno de los nombres propios de estas movilizaciones. Sirgo fue víctima de torturas en el cuartelillo de la Guardia Civil de Sama junto a su compañera Tina Pérez. Les dieron patadas y puñetazos hasta que consiguieron callarlas. Les raparon el pelo antes de soltarlas. Como se negaron a llevar un pañuelo en la cabeza, como les pidieron, las mandaron a la cárcel hasta que les creció el pelo.

Magnetti Marelli, una huelga social (1989)

Las trabajadoras de Jaeger Ibérica (hoy Magneti Marelli) marcaron un hito en los años 80 con sus movilizaciones por la igualdad salarial. Un jefe machista, una cultura heredada del franquismo (la del hombre como sustentador de la familia) y una discriminación salarial evidente pusieron en pie a estas mujeres en una batalla que apoyaron la mayoría de ellas. El hito de sus movilizaciones fue la huelga indefinida de 1989, una huelga en la que sus compañeros no participaron. Pedían revisar el convenio por el cual, gracias a un “plus de asiduidad”, ellos cobraban 7.000 pesetas más. También llamaban la atención sobre el hecho de que los puestos mejor pagados eran sistemáticamente ocupados por hombres, recuerda Tania Mercader, que entró en el comité de empresa en 1982.

En 1984, denunciaron a la empresa por discriminación salarial, y pese a conseguir un fallo a su favor, la empresa se negó a cumplir la sentencia. Por eso, las 320 trabajadoras de Jaeger Ibérica decidieron ir a la huelga, que unos días después declaran indefinida. Buscaron alianzas con otras organizaciones, multiplicaron sus formas de protesta (por ejemplo, paralizando un banco cuando fueron, tras la sentencia a su favor, a reclamar los pagos de sus compensaciones). Como explica Tania Mercader, dirigente sindical entonces, “se trataba de hacer ver que era una cuestión social”. El 8 de mayo de 1989, después de 3 semanas y 4 días de huelga, las 320 trabajadoras de Jaeger consiguieron un acuerdo para la equiparación salarial con los hombres. El documental ‘Aguantando el tipo’ recoge su historia.

La primera huelga en Inditex (2017)

La huelga de las trabajadoras de Bershka consiguió a finales de octubre de 2017 cerrar las cinco tiendas de la cadena en Vigo, Pontevedra y Vilagarcía de Arousa, en la primera huelga contra el grupo Inditex. Con una plantilla casi íntegramente compuesta por mujeres y un seguimiento de un 100% de los paros que se convocaron, las trabajadoras lograron ejercer presión para que se equiparase su sueldo con de sus compañeras y compañeros de otras provincias, del que les separaba una diferencia salarial del 130 euros.

Inditex aceptó gracias a la movilización de las empleadas abonar a las trabajadoras los salarios de tres de los nueve días que permanecieron en huelga. El acuerdo se adoptó pocas horas después de que la plantilla se manifestara frente a la sede de la empresa en Arteixo (A Coruña), en un acto que concentró a unas trescientas personas. Según la Confederación Intersindical Galega (CIG), sindicato al que pertenecen las cinco delegadas del comité de empresa, se consiguió también equiparar todas las mejoras en materia de vacaciones, permisos, excedencias, tiempos de descanso, lactancia y conciliación familiar.

Patricia Reguero
@DES_BORDES

TIC, TAC… Sobre la lucha y el feminismo que queremos

TIC, TAC… Sobre la lucha y el feminismo que queremos

A escasas horas de la huelga feminista del 8 de marzo, los mensajes que llegan al público siguen siendo contradictorios: ¿es una huelga o es un paro? ¿en qué consiste la huelga? ¿quién está convocado?

En primer lugar, como mujer -obrera y sindicada-, tengo muy claro que la huelga es una herramienta de lucha que consiste en abstenerse en realizar una actividad en perjuicio de aquellos a los que se dirigen las reivindicaciones o quejas.

Nuestras reivindicaciones, desde CNT sobre todo centradas en el ámbito laboral (eliminación de la brecha salarial, eliminación de los obstáculos en el acceso y promoción en el empleo, eliminación de obstáculos a la conciliación de la vida laboral y familiar fomentando la corresponsabilidad, eliminación de toda discriminación en el trabajo al servicio del hogar familiar, etc.), y las asumidas a nivel estatal englobadas en cuatro ejes, tienen claro su objetivo: si entendemos el feminismo como un proceso de liberación de todas, no de sólo algunas, las nuestras son reivindicaciones contra el patriarcado, contra el capitalismo y contra el Estado.

No podemos señalar únicamente al patriarcado sin ser conscientes de que tanto el Capital como el Estado se retroalimentan de este, manteniendo no sólo una división sexual del trabajo, sino una división de clases. No podemos señalar al patriarcado sin mostrar la desigualdad en la que se basa este sistema, oprimiendo con más fuerza a todo lo que no es hombre, no es hetero, no es cis, no es rico y no es blanco. No podemos señalar al patriarcado sin evidenciar a su vez como beneficia al capital y al estado el adjudicar a las mujeres en los hogares la responsabilidad de resolver las necesidades de cuidados, e invisibilizar este trabajo como si fuera otra función básica de las mujeres (como el respirar), con las implicaciones que la asunción de cuidados conlleva (doble carga de trabajo, precarización por la imposibilidad de conciliar, etc.) …

Teniendo claro contra qué luchamos, tenemos clara la necesidad de esta Huelga Feminista y su estructura. Porque las mujeres participamos en todos los espacios de la vida, y la huelga tiene que alcanzar no sólo el trabajo asalariado, también pararemos nuestro consumo, el trabajo doméstico y los cuidados, y nuestros estudios, para demostrar que, si nosotras paramos se para todo, ni se produce ni se reproduce. Este 8 de marzo no es un día de paros simbólicos, no es un día para salir a hacerse la foto en manifestaciones, no es un día de fiesta… es un día de lucha real.

Consideramos que el papel que tienen que tener los hombres ese día es de acompañamiento, no protagonista. Si quieren ser nuestros aliados, tienen que estar a nuestro lado, apoyándonos, sin asumir liderazgos sino los cuidados y acciones que creamos necesarias. Por eso creo firmemente que la forma más efectiva de hacer esto es ayudándonos a echar un pulso al sistema capitalista en la huelga general laboral, apoyando y asumiendo las reivindicaciones, y mostrando al sistema patriarcal y capitalista que estamos unidas y unidos en la misma lucha y dispuestos a pararlo todo para lograr una sociedad feminista.

A mayores de la importancia que tiene el realizar una huelga laboral -cuyo objetivo siempre es demostrar al capital la fuerza que tenemos las y los trabajadores unidos-, el tiempo que ha pasado desde la última y la importancia de que ésta sea específicamente feminista, me parece que además es necesario estratégicamente para que las mujeres puedan hacer la huelga en los cuatro ejes principales (laboral, cuidados, consumo y estudiantil). Siendo plenamente conscientes de la importancia que tienen los cuidados, no podemos visibilizarlos mientras dejamos sin atención a personas dependientes cuya vida o calidad de vida depende de ellos, por eso necesitamos que los hombres asuman esa parte ese día para que, del 8 de marzo en adelante, el reconocimiento de estas labores feminizadas e invisibilizadas y la corresponsabilidad sean algo real.

Pero no se trata solo de que los hombres asuman los cuidados, sino de denunciar un sistema que no nos deja hacernos cargo de manera sana, colectiva y consciente de nuestras necesidades, de nuestra vida.

Cuando luchamos por la igualdad, por un feminismo real en contra el patriarcado, luchamos de manera transversal buscando eliminar la dominación en todas sus formas, con todas las transformaciones de la sociedad que sean requeridas para tal fin.

Como mujer anarcosindicalista, asumo un feminismo de clase, por lo que entiendo que llamar a la Huelga el día en el que se conmemora la lucha de la Mujer Trabajadora no es sólo una herramienta para denunciar la situación de la mujer, sino que forma parte de una estrategia de lucha contra el patriarcado y el capital.

Daphne B.S
Valladolid, Castilla

¡SOLO LA LUCHA Y LA SOLIDARIDAD PODRÁN LIBERARNOS!

¡SOLO LA LUCHA Y LA SOLIDARIDAD PODRÁN LIBERARNOS!

Da igual dónde hayamos nacido. No es fácil ser “mujer” … Al Este o al Oeste, en un pueblo pequeño, o en una gran ciudad, nuestras vidas siempre son difíciles. Nos enfrentamos a algo muy similar en todos los casos. Para nosotras, la mayoría de las veces, las “responsabilidades” se convierten en “obligaciones”. Incluso aunque seamos muy diferentes, hablemos idiomas distintos y no tengamos apariencias similares. Siempre hay algo en nuestro interior que no cambia, de una a otra.

Nos han enseñado las mismas cosas. Que somos frágiles o débiles, torpes o bobas. Que debemos portarnos bien y ser obedientes. Que debemos cuidar de nuestra familia, de nuestros hijos y de nuestras hijas. No nos han enseñado a decir “NO”, a cuestionar ni a luchar. El patriarcado nos ha atado de pies y manos. 

Hemos conocido a muchas mujeres…Son nuestras madres, hijas, hermanas, vecinas, amigas, que han sido humilladas, insultadas, reprimidas, engañadas, vendidas, golpeadas, acosadas, asaltadas, abusadas, violadas, asesinadas y cuyos cuerpos han sido despedazados.

Y de las que después se dijo que lo merecían. En la tierra que habitamos (N. del T.: Turquía), una mujer es asesinada cada día por la “moral”. La costumbre, la tradición y la moral justifican los homicidios. Se la mata y luego se pregunta por qué estaba en la calle tras caer la noche. O por qué llevaba una falda tan corta. Cuando una mujer es violada, es ella la que tiene que demostrar que todo ocurrió sin su consentimiento.

Conocemos muy bien a estas mujeres. Son nosotras. Las conocemos de las miradas que devuelven los espejos, de sus gritos…Las conocemos muy bien, porque nos encontramos siempre con lo mismo. Cada día, hemos aprendido más y más, las unas de las otras. Hemos aprendido a decir “NO”, a coger de la muñeca, a cuestionar y a pelear.

Todo esto lo aprendimos las unas de las otras.

Empezamos a luchar contra lo que se nos había enseñado. Empezamos a luchar contra el machismo, contra quienes nos quieren hacer creer que las cosas no pueden ser de otro modo. Empezamos a luchar por nosotras mismas, por cada una de nosotras.

Cuando nos tomamos de la mano, nos hacemos más fuertes, más valientes, más conscientes, más despiertas, más resueltas, más libres …. Hemos aprendido la empatía y cómo ayudarnos las unas a las otras, hasta que se ha vuelto algo reflejo. Hemos aprendido a ser “nosotras”. Y hemos aprendido que volvernos “nosotras” nos hace libres.

Nos organizamos cada vez mejor para luchar contra el patriarcado, todos los días. Nos hemos dado cuenta de que, cuando nos unimos, nada puede desviarnos de nuestra lucha.

El 8 de marzo, el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, la solidaridad internacional de las mujeres es nuestra fuerza, lo que nos da ánimos. Esta solidaridad atraviesa las fronteras y demuestra, una vez más, que no importa dónde estemos. Nada nos puede mantener alejadas de nuestra libertad.

Nota: este texto es parte de una colaboración entre CNT y el colectivo turco DAF, para intercambiar artículos de cara al 8 de marzo. Así, la edición especial de su publicación Meydan (http://meydangazetesi.org/) para ese día contará con un texto de CNT y aquí se publica el que nos han enviado. Aunque somos conscientes de lo limitado de esta iniciativa, mandamos a las compañeras y los compañeros de DAF todo nuestro apoyo para una lucha que desarrollan en circunstancias muy difíciles.

DAF-CNT

Desigualdad o patriarcado? Una reflexión desde la conciencia de clase  y otras formas de dominación

Desigualdad o patriarcado? Una reflexión desde la conciencia de clase y otras formas de dominación

El patriarcado no tiene clase, pero el feminismo sí. Hay varios tipos de feminismos y el feminismo que tiene conciencia de hasta dónde permea verdaderamente el patriarcado es un feminismo de clase, anticapitalista, antirracista, anticolonial, y consciente de que distintas formas de opresión se retroalimentan. No quiero tomar aquí una actitud beligerante contra otros feminismos que no compartan las ideas que yo aquí voy a exponer. Lo que me gustaría es llamar la atención sobre el hecho de que, a pesar de que parece que en los últimos años se ha tomado conciencia de la cuestión de género, todavía el patriarcado como tal, y su inseparable relación con el estado, el capitalismo y la guerra, estén relegados a los núcleos duros del feminismo radical. Hay que empezar a llamar a las cosas por su nombre y decir basta al hecho de que parezca que la violencia de género, el reparto desigual de las tareas domésticas o la brecha salarial, son cosas diferentes entre sí, y que éstas y nuestro sistema político y económico no tienen nada que ver. Todas esas formas de violencia y explotación están ligadas y no se trata sólo de desigualdad. Ni siquiera se trata sólo de violencia física y emocional, se trata también de explotación y de control, de un sistema a fin de cuentas que desde la familia y la escuela hasta el trabajo y el estado reproduce dinámicas, relaciones y estructuras que sistemáticamente otorgan esa capacidad de control, explotación y de ejercer diferentes formas de violencia y opresión contra niñas, mujeres y ciertas masculinidades que se tachan de femeninas. Es por tanto difícil echar a un lado al patriarcado de manera independiente con leyes que simplemente atenúen aspectos de las relaciones de género.

El patriarcado tiene dos grandes pilares: el sexual y el económico. El control sexual es una forma de repartir la riqueza y el trabajo. Casilda Rodrigáñez argumenta que el patriarcado se ha desarrollado a base de reprimir y controlar la sexualidad femenina y maternal (tanto de las madres como de la prole) hasta convertirlas en objeto de satisfacción masculina, en algo doloroso o incluso en algo vergonzoso y reprobable. Las mujeres han perdido conciencia de sus úteros, sus orgasmos suelen reducirse al clítoris, sus partos suelen ser dolorosos y a l@s hij@s hay que separarlos pronto del regazo y el pecho materno. Como la propia Rodrigáñez ha estudiado, el paso de sociedades reguladas por el placer y lo matrístico (que no matriarcal, cf. Humberto Maturana) en el paleolítico y el neolítico a sociedades basadas en la ley de Dios, del rey o del librecomercio, indica en gran medida cómo nuestras instituciones políticas y económicas son en sí mismas instituciones patriarcales. Son instituciones que estructuran las relaciones políticas y económicas, incluyendo las familiares y sociales, en jerarquías donde el género impone una posición subordinada a la mujer y a lo femenino.

Esta posición subordinada tiene consecuencias sobre el reparto de poder simbólico y material, la riqueza y los tipos de trabajo. Es más, tal y como han apuntado teóricas de la economía de cuidados (aquí y aquí por ejemplo), la posición subordinada de la mujer juega un papel regulador en la economía puesto que permite que muchas tareas necesarias para la sociedad se sigan haciendo de manera gratuita o a muy bajo coste, para que otras puedan ser altamente remuneradas, incluso si su utilidad para la sociedad es escasa. De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística de 2017, en España, un 84% de las mujeres se involucra en tareas domésticas frente a un 42% de los hombres, y un 95% frente a un 68% en el cuidado y educación diaria de hijos. Las mujeres en España emplean de media un 26% a trabajos no remunerados, además del 33.9% de las horas que emplean en trabajar. De la misma encuesta se desprende que las mujeres a tiempo completo pueden pasan un 65% de su tiempo trabajando entre un tipo de trabajo y otro. En los hombres esto se reduce a un 56.3%, haciendo una media de 14% de horas no remuneradas. Esto no es sólo una cuestión de desigualdad, o de cómo generaciones anteriores nos han legado el reparto de tareas domésticas y de cuidados, esto es un efecto de cómo el capitalismo patriarcal mantiene así el trabajo remunerado, los mejores salarios y el manejo de la economía en manos de los hombres – como algo natural – y a las mujeres como colectivo regulador dependiente de las obligaciones de cuidados y las necesidades del mercado.

Esta forma de regulación viene además sustentada por el sistema de clases, al que habría que añadir otras formas de opresión como la raza, la etnia o la edad. Cuanto más poder adquisitivo, más posibilidades de acceso a puestos mejores pagados, menos trabajo no remunerado y viceversa. Ya lo decía el antropólogo Paul Willis: los hijos de curritos generalmente terminan siendo curritos. En los últimos años en España los trabajos manuales intensivos en la agricultura, la construcción, el turismo y los servicios del hogar han sido copados por personas inmigrantes. Esto ha provocado a su vez un incremento de la pequeña burguesía española (blanca, paya), sobre todo en el período anterior a la crisis. A pesar de que la productividad de estas personas ha sido la base de la expansión económica hasta el 2008, fueron las inmigrantes, las más castigadas por la crisis – casi ¼ del total de empleos perdidos entre el 2008 y el 2013 estaban ocupados por inmigrantes. La capacidad que tiene la economía para enriquecer a unos sectores de la población en detrimento de otros se basa precisamente en la estratificación por clase, género, color, edad, etc.

Terminar con esta explotación sistemática o incluso empezar a desmontarla no implica que más mujeres tengamos acceso a esos puestos lucrativos y de responsabilidad sino que hagamos un examen crítico de porqué ciertos trabajos están remunerados, y cómo, y otros no. A lo primero que nos lleva tal examen es a darnos cuenta de que luchar por la igualdad de género sin luchar por la igualdad de clases es una hipocresía. Pero no quiero aquí enarbolar la bandera de la igualdad. Como lo han dicho feministas negras desde Estados Unidos a Nigeria: luchar contra una forma de desigualdad y no por otra no sólo hace invisible el verdadero funcionamiento de los sistemas de opresión, sino que hace la lucha poco efectiva. Si queremos que cambien las cosas, verdaderamente nos tenemos que plantear el fin del patriarcado, y con él, todos los sistemas de opresión. Es más, como ya lo apuntaban nuestras compañeras de Mujeres Libres, el fin del estado y el capitalismo no provocará el fin del patriarcado, ni el fin del estado y el capitalismo se logrará sin el fin del patriarcado.

El problema que tenemos las mujeres, es que hablar en estos términos, como hablar en términos de ‘capitalismo´, ‘estado, etc’ está bien enraizado en el campo de lo ‘utópico’, ‘lo imposible’, ‘lo radical’, o cualesquiera otros términos represivos. Pero para entender que es posible cambiar tenemos que darnos cuenta de que tanto el patriarcado, como las clases, el estado y el capitalismo no son algo natural o permanente. Son algo creado históricamente. Y como legado histórico-político y social se pueden cambiar, y tenemos la obligación de cambiarlos para las generaciones posteriores.

Las investigaciones antropológicas y arqueológicas de los últimos tiempos están desmontando la narrativa común de la humanidad que es algo como sigue: éramos seres salvajes viviendo en comunidades pequeñas y a medida que hemos ido creciendo en número, sobretodo gracias a la agricultura y al asentamiento sedentario han surgido estructuras políticas y militares complejas y nuestra sociedad actual es la consecuencia natural de ese proceso. Mentira. La evidencia muestra que desde tiempos del paleolítico superior y el neolítico han existido sociedades con estructuras jerárquicas que han sido desmontadas para pasar a ser sociedades más igualitarias y viceversa. Como afirman David Graeber y David Wengrow:

«la evidencia arqueológica sugiere que en los asentamientos con alta variabilidad climática de la última era glaciar, nuestros ancestros remotos se estaban comportando de manera bastante similar: cambiando constantemente entre sistemas de organización social… y sobre el entendimiento de que ningún orden social era fijo o inmutable»

Es posible que el camino tenga que ser hecho a través de pequeñas metas y pequeñas victorias. La #huelgafeminista es una de ellas y está empezando a consolidarse. Si persistimos, es posible que lleguemos a un paro total que provoque cambios necesarios. No es la primera vez. En Estados Unidos en 1909 las mujeres pararon la ciudad de Nueva York para mejorar sus salarios y reducir las horas. En 1961 las mujeres comenzaron una huelga contra la carrera nuclear que empujó al presidente Kennedy a firmar el tratado de prohibición de pruebas nucleares. En Islandia en 1975 un paro de mujeres seguido por el 90% de las mujeres consiguió pasar leyes equitativas al día siguiente en el parlamento. La lucha de las mujeres es larga y digna. Pero no debemos olvidar el objetivo final. Luchemos por una sociedad libre, sin violencia ni explotación.

Marta Íñiguez

¡8 DE MARZO HUELGA GLOBAL!

¡8 DE MARZO HUELGA GLOBAL!

Como USI consideramos importante relanzar este año también la movilización del 8 de Marzo en los lugares de trabajo, productivo y reproductivo.

La opresión de género desde siempre es parte del proceso de acumulación capitalista; las mujeres han sufrido la extracción de valor del trabajo no pagado o escasamente retribuido.

A tareas definidas como específicamente femeninas, como el trabajo reproductivo y el cuidado de la prole y del ambiente familiar, se han sumado partes fundamentales del trabajo asalariado también. De hecho, a través de un largo proceso, desde el siglo XIX, con el trabajo doméstico a destajo y, luego, las primeras integraciones del trabajo femenino en las fábricas, hasta hoy en día, el trabajo femenino ha adquirido una gran importancia en el ámbito productivo también.

En la producción surgió desde el principio la disparidad salarial entre trabajadores y trabajadoras, mientras que en la reproducción, que comprende no solo la reproducción propiamente dicha, sino también todos los trabajos de cuidado que permiten la manutención, la reproducción y la supervivencia de la mano de obra, como el trabajo doméstico, los gobiernos crearon una serie de medidas que tenían como objetivo controlar las elecciones de las mujeres sobre sus cuerpos: las normas que antes negaron y luego limitaron el acceso al aborto, a la contracepción y de hecho la libre sexualidad.

De la misma manera desde el final del siglo XIX hasta hoy en muchos países occidentales los movimientos feministas han logrado conquistas objetivas: acceso a la contracepción, reformas del derecho de familia, aborto, divorcio y posibilidad de participar en el sistema liberal-democrático a través del voto.

No obstante las conquistas logradas en el siglo pasado, el cuerpo de las mujeres sigue siendo reglamentado, sometido a la agresión y al control de gobiernos y patriarcado, considerado algo para gobernar según las normas de la moral vigente, que refleja las necesidades de la clase dominante. Es suficiente pensar en las dificultades que existe aún hoy para obtener aborto o contracepción, incluso en muchos países occidentales. El mayor ejemplo de esta idea de la mujer como sujeto inferior para tutelar o como presa es la legitimación de la violación justificada aún hoy en día por la representación de la mujer como provocadora de supuestos “instintos masculinos”, oprimida bajo el estereotipo de santa o de puta. Otra cuestión fundamental es la violencia doméstica en el interior de la familia, desde la obligación al trabajo reproductivo hasta la misma violencia sexual, que todavía en la mayoría de los casos se desarrolla dentro de los núcleos familiares y que es la explicación de la necesidad patriarcal de reafirmar continuamente el dominio masculino.

En el ámbito laboral aún hoy podemos ver fuertes discriminaciones, como la disparidad salarial nunca superada, la maternidad no garantizada, las violencias de tipo sexual calladas por el miedo a perder el trabajo; de esta manera, la violencia de género se cruza naturalmente con la opresión de clase, así como se cruza con la cuestión racial. Lo vemos hoy con la graves discriminaciones que sufren las mujeres emigrantes, que se pueden mayormente chantajear, discriminadas porque mujeres, proletarias y extranjeras. Lo vemos en el acceso no garantizado a los servicios de salud, la mayor dificultad para encontrar estructuras de apoyo en los casos de relaciones violentas en sus familias, la amenaza continua de la expulsión hacia países donde la condición femenina es aún peor.

Hoy, sin embargo, el cuerpo de las mujeres también es objeto de propaganda electoral en cuestión de seguridad, la defensa de las mujeres es la motivación para controlar y militarizar cada vez más nuestras ciudades, además de legitimar violencias y restricciones de movimiento. El cuerpo femenino es visto como “bien nacional” para poner bajo protección, la subjetividad individual es negada.

La discriminación de género sigue siendo una de las muchas contradicciones de la sociedad que categoriza a las mujeres como víctimas para ayudar, como objetos de la propiedad exclusivamente masculina, como personas incapaces de elegir y defenderse ella mismas. Con dificultad las mujeres se consideran sujetos pensantes, en condiciones de elegir, autodeterminarse y, sobre todo, de defenderse.

La lucha feminista procede al mismo paso con la lucha de clase y con la lucha antirracista, combate para quebrar las actuales relaciones de poder, porque sólo con la interseccionalidad, con la capacidad de construir relaciones entre luchas solo aparentemente separadas, se podrá derribar la cultura patriarcal de que están imbuidos el capitalismo y el estatalismo.

La USI invita a tod@s y l@s trabajador@s, a tod@s l@s estudiantes a echarse a las calles de todo el mundo, a hacer huelga en el trabajo productivo y reproductivo también, para quebrantar el actual sistema de dominio, para construir una sociedad de individuos libres, solidarios, iguales.

¡SI TOCAN A UNA NOS TOCAN A TOD@S!

USI

“El pan nuestro de cada día”

“El pan nuestro de cada día”

De cara al cercano 8 de marzo no puedo sino dedicar unas líneas a un problema, tan importante como vergonzoso, y que afecta a más de la mitad de la población en este país: la discriminación hacia las mujeres, y aunque esto lo contempla la constitución en su artículo 14, se vulnera un día detrás de otro nuestro derecho a la igualdad.

Desde que nacemos se nos impulsa a asumir unos roles, unas enseñanzas estereotipadas como niñas o como niños, y nos meten a fuego una fuerte jerarquización así como la asunción de la existencia de dos géneros (quedando fuera de ese concepto binario la diversidad) y a su vez uno fuerte y uno débil, en vez de enseñarnos a ser personas y educarnos en la igualdad. Pero nuestros padres/madres aunque intentaron hacerlo lo mejor que podían, ellos también estaban educados en la misma historia. Todo esto es sumamente importante para el futuro desarrollo y comportamiento, ya que la infancia es el período de mayor aprendizaje.

Cuando tenemos edad para empezar a trabajar todo el peso de la jerarquía androcéntrica que históricamente ha gobernado, acentuado aquí con la pasada dictadura, recae sobre nosotras, todo unido al sistema explotador-capitalista al que le conviene mantener la sempiterna división: unos más arriba y otros más abajo. Es esa precisamente la cuestión, dar poder a unos sobre otros, ya sea en forma de riqueza o privilegios, pero el caso es mantener la división a toda costa y así el sistema goza de un individualismo cada vez más exacerbado.

Muchas mujeres han renunciado y renuncian al mundo laboral para así poder encargarse del hogar y de los cuidados que tradicionalmente hemos realizado nosotras, existiendo todavía un gran desequilibrio a la hora de asumir estas tareas.

Pero hoy día la gran mayoría estamos obligadas y obligados a trabajar para poder pagar hipoteca, alquiler, coche y demás; cosa que ha afectado directamente a la sobrecarga de tareas entre las mujeres con o sin núcleo familiar, teniendo que ocuparse del trabajo, la casa, la comida, los/as niños/as, los/as ancianos/as, casi convirtiéndose en una superwoman.

Para solventar este problema se deberían mejorar y aumentar los servicios públicos en materia de personas dependientes, para así poder descargar y aliviar un poco esas actividades no remuneradas, tras jornadas de ocho o más horas de trabajo por un sueldo de mierda, que es un 23% menor que el de los hombres, con mayor temporalidad, menos puestos a tiempo completo, más acoso laboral, y todo eso contando con que nos contraten, porque el paro femenino se sitúa ya por encima de los dos millones, medio millón más que el masculino (y eso que sus cifras tampoco son nada alentadoras).

Pues esto sucede todos los días, así como el acoso sexual, la violencia en el seno doméstico, los estereotipos de belleza, la presión social para tener novio-marido-hijos, en ese orden y sin satisfacer nunca la necesidad que parece que tiene mucha gente de manejar nuestras vidas, el trato infantilizador, paternalista y protector al que nos vemos sometidas y otras tantas y tantas cosas que seguro me quedan en el tintero.

Ante todos estos atropellos a la igualdad, desde CNT tenemos que decir que nosotras no queremos un nuevo discurso que supere el machismo reemplazándolo por su contrario, no queremos más abusos políticos, ni sociales, ni laborales, ni sexuales, no queremos cargos políticos ni puestos de responsabilidad en las grandes empresas, no queremos ser mujeres militares ni mujeres religiosas; sólo queremos que todas las discriminaciones terminen de una vez, queremos ser nosotras, las obreras, las que alcemos la voz; todas y todos juntos ejerciendo la solidaridad entre las personas.

Paremos todas el 8 de marzo, pero que no sea ése el único día de lucha, porque hay que desandar todo un camino muy largo.

Para todo esto compañeras, la conquista empieza por nosotras, y con el apoyo en la lucha, nos desprenderemos por fin de las conductas jerárquico-capitalistas. Luchemos por la verdadera igualdad. Porque nadie es más que nadie.

Gloria Muñoz

 

 

“Ni obreras explotadas en las fábricas ni esclavas en el hogar o la familia: ¡Por una sociedad sin amos ni señores, comunista libertaria, de hombres y mujeres libres!”

Teresa Claramunt

EN DEFENSA DE LA HUELGA GENERAL MUNDIAL FEMINISTA: #8M

EN DEFENSA DE LA HUELGA GENERAL MUNDIAL FEMINISTA: #8M

El momento actual exige, y esta necesidad es urgente, la unión, solidaridad y lucha de todas las mujeres a través de una huelga feminista de la clase trabajadora en territorio brasileño y mundial.

Un nuevo ciclo del capitalismo y del patriarcado se ha instalado en los gobiernos de los Estados nacionales. En Brasil, el gobierno actual del presidente del PMDB (Partido del Movimiento Democrático de Brasil), que golpeó a una compañera de lista electoral del PT (Partido Trabalhista). Ambos realizaron, cada uno a su manera, persecución a trabajadores, reformas antiobreras y la precarización de las relaciones de trabajo. En el caso de las mujeres, llegó a dejar a voluntad de la empresa el permiso de maternidad y lactancia durante el trabajo. Los empresarios capitalistas brasileños y extranjeros están satisfechos con la nueva legislación laboral que repite leyes de principios del siglo pasado. Lejos de querer el bienestar de los trabajadores y trabajadoras, pretende explotarlos.

Estos explotadores del siglo XXI ya usan máquinas y programas informáticos que sustituyen trabajadores en diversos sectores productivos. Mientras, montoneras de jóvenes y gente de edad sin trabajo y sin ayudas sociales solo alcanzan a convertirse en mano de obra barata y beneficio cierto.

¿Motivos para ir a la huelga?

-Impedir la reforma de la S. Social.

-Reconquistar derechos robados en la Reforma Laboral del 2016.

-Eliminar el acoso y los abusos sexuales en el mundo del trabajo.

-Establecer definitivamente el trabajo como derecho social inalienable.

-Eliminar el impuesto sindical.

-Eliminar el Sindicato Único, por la libertad de auto-organización de los trabajadores y trabajadoras.

Llamamos a todo el mundo para fortalecer y realizar la huelga solidaria. El 8 de marzo vamos a las calles a iniciar la batalla para la conquista de una vida mejor para nosotros y nosotras, nuestros hijos y mayores.

Ya basta de explotación.

Ya basta de asedio.

Ya basta de patriarcado.

Ya basta de machismo.

Ya basta de capitalismo.

Vivan las mujeres trabajadoras. Viva la libertad.

Juntas paramos. Juntas avanzamos.

Todas organizan. Todas luchan. Todas libres.

Liga anarquista de Rio de Janeiro


Em defesa da Greve Geral Mundial Feminista: #8m

O momento exige e a necessidade é urgente para o ajuntamento, solidariedade e luta de todas a mulheres através de uma greve feminista da classe trabalhadora em território brasileiro e planetário.

Um novo ciclo do capitalismo e do patriarcalismo se instalou nos governos de Estados nacionais. No Brasil o governo atual do presidente do PMDB que golpeou sua companheira de chapa do PT. Os quais realizaram, ambos a seu modo, a perseguição a trabalhadores e reformas antitrabalhadores realizou a precarização das relações de trabalho, no caso das mulheres a precarização chegou a deixar a cargo da empresa a permissão de licença maternidade, amamentamento durante o período de trabalho.

Empresários capitalistas brasileiros e estrangeiros estão satisfeitos com a nova legislação trabalhista que repete leis do início do século passado. Longe de quererem o bem estar do trabalhador para os explorar. Estes exploradores do século 21 já usam máquinas e aplicativos que substituíram trabalhadores em diversos setores. Amontoados de jovens e idosos sem trabalho e sem garantias sociais lhes oferecem mão de obra barata e lucro certo.

Motivos para ir a greve?

Impedir a reforma da previdência; reconquistar direitos roubados na reforma trabalhista em 2016; extinguir o assédio e abuso sexual no mundo do trabalho; redução da carga horária de trabalho sem redução salarial; estabelecer definitivamente o trabalho como direito social inalienável; extinguir o imposto sindical; extinguir o
sindicato único pela liberdade de auto-organização das pessoas trabalhadoras.

Chamamos à toda gente para fortalecer e realizar a greve solidária. Em 8 de março de 2018 vamos às ruas iniciar as batalhas para conquista de uma vida melhor para nós, para nossas crianças e idosos hoje.

Já basta de exploração.

Já basta de assédio.

Já basta de patriarcalismo.

Já basta de machismo.

Já basta de capitalismo.

Viva as mulheres trabalhadoras, viva a liberdade.

Juntas paramos. Juntas avançamos.

Todas organizam, todas lutam, todas livres.

¡Nada de nosotras sin nosotras! ¡Contra la feminización de la pobreza!

¡Nada de nosotras sin nosotras! ¡Contra la feminización de la pobreza!

Ya sea en las relaciones privadas, en el trabajo o en la esfera pública, las mujeres1 se enfrentan continuamente a la discriminación, las desventajas estructuales o la violencia sexual. Las mal llamadas políticas de igualdad hacen de ellas, cada vez más, trabajadoras “utilizables”. Al igual que los hombres, se enfrentan a condiciones de explotación en cada una de estas áreas. No obstante, las estructuras del patriarcado, junto con el sistema capitalista, hacen que se atribuya un valor menor a las mujeres y a su trabajo. La socialización predominante del género y las políticas educativas vigentes refuerzan su imagen prevalente como cuidadoras, no solo en el conjunto de la sociedad, sino también en las propias mujeres. En comparación a los hombres, se les paga menos en el mercado laboral por el mismo trabajo o por tareas que se perciben y se valoran como “trabajo femenino”. Como resultado de esto, están más expuestas a la precariedad y se ven amenazadas más a menudo por el desempleo de larga duración y por la pobreza (en la vejez). Esto es lo que se conoce como “feminización” de la pobreza.

Un salario menor y el abuso o el acoso sexuales forman parte de la explotación en las condiciones laborales, pero también son formas de discriminación contra las mujeres que están presentes fuera del centro de trabajo. En la esfera privada, las mujeres adoptan rasgos de género tradicionales, al realizar tareas que se cree que les corresponden en exclusiva y que están, por lo tanto, asociadas con el género femenino. Esto significa que se hacen cargo de los cuidados no retribuidos, las tareas domésticas y la educación. Al mismo tiempo, los cuidados, tareas domésticas, atención a niños y niñas y el trabajo sexual, se pueden comprar en el mercado capitalista, en el que las tareas se reparten conforme a divisiones de género. No obstante, el trabajo asignado al género femenino está mal pagado, es temporal, ilegal, acarrea un estigma y en su mayor parte no está cubierto por la seguridad social. Aunque las mujeres precarizadas realizan un trabajo fundamental en la sociedad, ellas mismas se ven limitadas en el modo en que pueden conformar sus propias vidas.

Conscientes de estas limitaciones socio-económicas, se ha formado la Iniciativa Feminista de FAU (Fem*FAU). Su objetivo es contribuir a la lucha de las mujeres para su emancipación en la vida cotidiana, es decir, en el centro de trabajo, en la oficina de empleo, en el sindicato y también en la esfera privada. Su escasa participación en los sindicatos nos ha llevado al punto en el que nos tenemos que volver a plantear el siguiente interrogante: ¿para qué necesitan las mujeres a los sindicatos? En nuestras reuniones de Fem*FAU hemos analizado los problemas de las afiliadas a FAU, tales como los cuidados no pagados, el sexismo en el centro de trabajo, los derechos de las trabajadoras sexuales y las relaciones de género jerárquicas. Así, como sindicato de base que persigue una sociedad igualitaria, FAU está retomando estos puntos de forma explícita. ¡No puede haber una crítica del capitalismo sin una crítica del patriarcado! Las mujeres necesitan un sindicato que les permita organizarse por sí mismas. Por eso, trabajamos juntas para desarrollar una estrategia que no solo se enfrente a su falta de participación en los sindicatos, sino que lo haga con la discriminación en todas las áreas de la sociedad. El conjunto de nuestras actividades es muy amplio: desde asesoramiento contra el sexismo, el desarrollo de conceptos teóricos, la organización de las trabajadoras del sexo, empleadas en el ámbito de los cuidados o dependientas, hasta la creación de redes internacionales. Al permitir el intercambio entre las integrantes de FAU en un nivel teórico y práctico, les da la oportunidad de proponer y desarrollar ideas concretas y prácticas sindicales en las secciones locales de FAU.

Al agrupar a mujeres, Fem*FAU espera que cobren conciencia de las desigualdades estructurales existentes y las apoya en su auto-organización, para reclamar mejores condiciones de vida y laborales. Como demuestra nuestra experiencia, dirigir nuestras prácticas sindicales al “trabajo femenino” hace que aumente la proporción de afiliadas. Dado que son ellas las que más a menudo realizan los trabajos precarios, FAU, como sindicato de base, les permite organizarse de forma autónoma y conformar sus vidas activamente en todas las áreas. El apoyo mutuo, en la forma de un “sistema de amigas-acompañantes”, se dirige a facilitar su incorporación a las estructuras del sindicato, especialmente en el caso de las afiliadas a FAU que no participan en un sistema laboral asalariado tradicional.

Como auto-organización de las personas empleadas y desempleadas, buscamos mejorar nuestras condiciones de vida y laborales. Esto se consigue, concretamente, a través de los conflictos en los centros de trabajo, así como a través del esfuerzo cultural y educativo anarcosindicalista, la solidaridad y el apoyo mutuo en la vida diaria. No estamos ligadas a los intereses de un Estado ni una Nación, sino al interés común de trabajadores y trabajadoras de todo el mundo por liberarse a sí mismas de la explotación económica y la opresión social. Buscamos superar el capitalismo, el cual, como orden económico dominante a nivel mundial, es un obstáculo central en la emancipación social y la autodeterminación individual. Como sistema de explotación de unas personas por otras, el capitalismo puede ser abolido por la acción colectiva de los trabajadores y las trabajadoras.

Por todo ello, en el espíritu del 8 de marzo, hacemos un llamado a la solidaridad con todas las mujeres, a apoyarlas en sus luchas cotidianas, sean en la esfera privada o en el centro de trabajo. ¡Organicémonos en la lucha por unas mejores condiciones de vida y laborales! ¡La solidaridad es nuestra arma!

Fem*FAU-Initiative
(femfau-kontakt@fau.org)
Freie Arbeiterinnen- und Arbeiter-Union (FAU)
https://www.fau.org

1 incluidas las personas no binarias


Nichts Über Uns Ohne Uns! Lasst uns die Feminisierung der Armut bekämpfen!

Egal ob in der Familie, am Arbeitsplatz oder im öffentlichen Raum – Frauen* stoßen immer wieder auf Diskriminierung, strukturelle Benachteiligung oder sexuelle Gewalt. Gleichstellungspolitik verfolgt mehr und mehr das Ziel, Frauen* zu verwertbaren Arbeitnehmer*innen zu machen. Genau wie Männern* begegnen Frauen* in jedem der genannten Bereiche ausbeuterischen Bedingungen. Jedoch führen patriarchale Strukturen gemeinsam mit den kapitalistischen Verhältnissen dazu, dass Frauen* und ihren Tätigkeiten weniger Wert beigemessen wird. Die vorherrschende geschlechtsspezifische Bildung und Erziehung verstärken das Bild von Frauen* beispielsweise als emotionale Care-Arbeiter*innen und zwar nicht nur in der Gesellschaft, sondern auch bei Frauen* selbst. Das Resultat ist, dass sie auf dem Arbeitsmarkt für ihre Arbeit schlechter bezahlt werden als Männer*, sowohl für die gleiche Arbeit als auch für Arbeiten, die als „Frauen*tätigkeiten“ wahrgenommen und bewertet werden. In der Folge sind sie häufiger prekären Arbeitsbedingungen ausgesetzt und öfter von Arbeitslosigkeit und (Alters-)Armut bedroht, es findet also eine „Feminisierung der Armut“ statt.

Niedrigere Löhne, Schikanen oder sexuelle Belästigung sind Teil der ausbeuterischen Arbeitsbedingungen und Formen der Diskriminierung von Frauen*, die sie nicht nur am Arbeitsplatz erfahren. So übernehmen Frauen* im Privaten die tradierte, ihrem Geschlecht zugeschriebene Rolle, was für sie unbezahlte Fürsorge-, Haushalts- und Erziehungsarbeit bedeutet. Gleichzeitig wurden solche Aufgaben, wie Pflegearbeit, Haushaltshilfe, Kinderbetreuung sowie auch Sexarbeit entlang den Geschlechterlinien auf dem kapitalistischem Markt käuflich zugänglich gemacht. Diese Arbeiten sind jedoch unterbezahlt, befristet, illegalisiert, stigmatisiert und bleiben mehrheitlich ohne soziale Absicherung. Obwohl die prekarisierten Frauen* meistens lebenswichtige Arbeiten in der Gesellschaft übernehmen, haben sie selbst einen geringeren Spielraum, um ihr eigenes Leben zu gestalten.

Sich dieser sozio-ökonomischen Zwänge bewusst, hat sich innerhalb der FAU eine Feministische Initiative (Fem*FAU) gegründet, die den Kampf der Frauen* um ihre Selbstbestimmung im Alltagsleben, z.B. am Arbeitsplatz, beim Jobcenter, in der Gewerkschaft, aber auch in der Familie unterstützt. Um der Unterrepräsentation von Frauen* in der Gewerkschaft entgegenzuwirken, gilt es die Frage zu beantworten: Wozu brauchen Frauen* Gewerkschaft? Während unseren Fem*FAU-Treffen haben wir u.a über folgende Probleme der FAU-Mitglieder diskutiert: unbezahlte Reproduktionsarbeit, Sexismus am Arbeitsplatz, Rechte von Sexarbeiter*innen und hierarchische Geschlechterverhältnisse. Als Basisgewerkschaft, die für eine gleichberechtigte Gesellschaft kämpft, nimmt sich die FAU diesen Themen nun erneut explizit an. Es gibt keine Kritik am Kapitalismus ohne die Kritik am Patriarchat! Frauen* brauchen eine Gewerkschaft, die es ihnen ermöglicht, sich selbst zu organisieren. Deshalb arbeiten wir gemeinsam an einer Strategie, die nicht nur der Unterrepräsentation von Frauen* in der gewerkschaftlichen Praxis entgegenwirkt, sondern auch den Benachteiligungen in allen Bereichen der Gesellschaft aktiv entgegentreten kann. Das Praxisspektrum ist dabei weit gefasst, von anti-sexistischer Beratung, Auseinandersetzung mit theoretischen Konzepten über Organisation von Sexarbeiter*innen, Erzieher*innen oder Einzelhandelskauffrauen* bis hin zu internationaler Vernetzung. Der Austausch der FAU-Mitglieder, sowohl auf theoretischer als auch auf praktischer Ebene, bietet ihnen die Möglichkeit, konkrete Ideen in die lokalen FAU-Syndikate zu tragen und umzusetzen.

Mit der Vernetzung von Frauen* will Fem*FAU das Bewusstsein für die bestehenden strukturellen Ungleichheiten schärfen und sie dabei unterstützen, sich im Kampf für bessere Lebens- und Arbeitsbedingungen zu organisieren. Unsere Erfahrungen zeigen, dass sich durch die Fokussierung der gewerkschaftlichen Arbeit z. B. in Frauen*-dominierten Bereichen auch der Frauen*Anteil in der Gewerkschaft erhöht. Da es meistens Frauen* sind, die prekäre Jobs ausüben, bietet ihnen die FAU als Basisgewerkschaft eine Gelegenheit, sich zu organisieren und anhand des Wissens- und Erfahrungsaustauschs ihr Leben in allen Bereichen aktiv zu gestalten. Durch gegenseitige Unterstützung z. B. in Form von „Buddy-Systemen“ sollen einladende und niedrigschwellige Strukturen vor allem FAU-Mitgliedern, die keiner klassischen Lohnarbeit nachgehen, den Einstieg erleichtern.

Als Selbstorganisation von Lohnabhängigen, also Arbeiter*innen, Angestellten, Arbeitslosen, Schüler*innen und Student*innen, streben wir danach, unsere Arbeits- und Lebensbedingungen zu verbessern. Dies geschieht insbesondere durch gewerkschaftliche Kämpfe, aber auch durch anarchosyndikalistische Kultur- und Bildungsarbeit, Solidarität und gegenseitige Hilfe im Alltag. Wir sind nicht an das Interesse einer Nation oder eines Staates gebunden, sondern an das gemeinsame Interesse aller Lohnabhängigen weltweit, sich von wirtschaftlicher Ausbeutung und sozialer Unterdrückung zu befreien. Wir streben danach, den Kapitalismus zu überwinden, der als dominierende Wirtschaftsordnung der Welt ein zentrales Hindernis für soziale Emanzipation und individuelle Selbstbestimmung darstellt. Nur durch kollektives Handeln können wir der kapitalistischen Ausbeutung etwas entgegensetzen.

Deshalb rufen wir in der Tradition des 8. März zur Solidarität mit allen Frauen* auf, um ihre alltäglichen Kämpfe, egal ob zu Hause oder am Arbeitsplatz, zu unterstützen. Organisieren wir uns gemeinsam im Kampf für bessere Lebens- und Arbeitsbedingungen für alle! Solidarität ist unsere Waffe!

Fem*FAU-Initiative
(femfau-kontakt@fau.org)
Freie Arbeiterinnen- und Arbeiter-Union (FAU)

«El sector de cuidados es esencial y sin nosotras este servicio no funciona»

«El sector de cuidados es esencial y sin nosotras este servicio no funciona»

Entrevista a Concepción Lastra, cuidadora y delegada sindical de CNT.

Las y los asistentes de ayuda domiciliaria, un sector que realiza tareas esenciales en nuestra sociedad, denuncia la situación de precariedad y explotación en que se encuentra a lo largo y ancho del Estado.

En Santander, la UTE QSAD, empresa con la que el Instituto Cántabro de Servicios Sociales —del gobierno del PRC-PSOE— subcontrata el servicio de atención a personas mayores y dependientes impone a las cuidadoras condiciones leoninas sin apenas resistencia por parte de CCOO, según denuncian las trabajadoras. Concepción Lastra, delegada sindical de CNT nos explica en qué condiciones se encuentran y su lucha sindical. Lo tiene muy claro: «Si no trabajan por ti, que no decidan por ti».

CNT: ¿En qué consiste la ayuda a domicilio que prestáis?
CONCEPCIÓN LASTRA: Es un servicio con una serie de actuaciones preventivas, rehabilitadoras, formativas y de atención personal y doméstica realizas por personal cualificado llevadas a cabo en el domicilio de las personas en situación de dependencia, con el fin de prestar apoyo y atender sus necesidades básicas permitiendo la permanencia de los usuarios dependientes en su entorno y también prestando apoyo a sus cuidadores familiares.

CNT: ¿Es un sector muy feminizado?
CONCEPCIÓN LASTRA: Sí, aunque la dirección y dueños de estas empresas son mayoritariamente hombres.

CNT: ¿De dónde surgen el conflicto que tenéis ahora?
CONCEPCIÓN LASTRA: Esto ya se viene fraguando desde septiembre 2015, con la adjudicación de UTE QSAD ( diciembre 2015) que se quedó dos lotes, la zona 2 y la zona 3 que es la que nos ocupa. Pues bien, ya entonces la empresa QSAD empezó con las modificaciones en las condiciones de trabajo: hubo reducciones de jornada, cambios de categoría, dejar de pagar los kilometrajes etc., y ya en una reunión en septiembre 2015 con UGT las delegadas que había entonces y los asesores del sindicato nos dijeron que la nueva empresa “pintaba bien”, pero que no le parecía bien a la empresa el sistema de turnos 6/2 —trabajar seis días, descansar dos— con el que nos subrogaron, por lo tanto había que cambiarlo. El asesor que se jubilaba (Antonio Gázquez) de UGT dijo que 5/2 —cinco días, dos libranzas— y la asesora que quedaría en su puesto (Margarita Pelayo), nos dijo que sería un 4/2 —cuatro días se trabaja, dos se descansa—. No pudieron hacerlo entonces, y solo se solicitó a esta empresa un calendario laboral como tienen en la zona 2, pero aprovenchado la mayoría de la sección sindical de las trabajadoras independientes en el comité de empresa y a petición suya con apoyo de UGT nos pretenden imponer esta modificación a todas luces ilegal, ahora en el 2018, porque se va a sacar a subasta el servicio en el 2019. De esta forma nos subrogan aún más baratas.

CNT: ¿Qué solicita la sección sindical de CNT? ¿Y los otros sindicatos?
CONCEPCIÓN LASTRA: Lo que queremos ahora es impedir que se lleve a cabo tal modificación y nos respeten las condiciones en las que estamos, con las que fuimos subrogadas, y de ahí recuperar los derechos perdidos a lo largos de los años de subcontratación. También es nuestro objetivo mejorar las condiciones laborales de las trabajadoras, por lo que lucharemos por conseguir nuevas mejoras. Y que el servicio vuelva a ser público: eso es lo más importante. Quitando el Sindicato Unitario, que está en esta lucha, los demás sindicatos no han hecho nada para evitar la pérdida de derechos y han contribuido a la precarización de nuestras condiciones laborales. Es más, han desunido a la plantilla, y se ha dado el caso de una compañera, por hablar conmigo, literalmente me dijo que la pusieron “verde”. Considero que este no es el camino, sino que nos debemos de unir aunque sea entre nosotras como trabajadoras, puesto que tenemos los mismos problemas y luchas.

CNT: ¿Hay denuncias previas a esta?
CONCEPCIÓN LASTRA: Sí, tanto por modificaciones por reducciones de jornada, por kilometrajes, por despidos, por conciliación familiares etc.

CNT: ¿Cómo se aprovechan las empresas? ¿Cuáles son sus procedimientos?
CONCEPCIÓN LASTRA: En la puja de la subasta del servicio, pujan a la baja con ofertas temerarias y, claro, lo consiguen, pero eso no es viable y luego con sus predicciones de lo que esperan ganar, que luego no se cumplen, porque son absolutamente codiciosos, pretenden sacarlo de las trabajadoras y de las copagos de los usuarios. En la actualidad, la nueva propuesta de esta empresa es que el gobierno de Cantabria les pague más por hora prestada por usuario. Eso sí, contribuyendo las arcas públicas en su propio beneficio. Sus procedimientos ya son bien sabidos: abaratan costes, a través de precarizar a las trabajadoras. Hay que recordar que hacemos constantes desplazamientos en prestación del servicio —trabajan en distintos pueblos en un mismo día, atendiendo a gente mayor y dependiente que lo necesita—, con nuestro propio vehículo y sin apenas gastos de kilometraje por parte de la empresa, ya que lo costeamos las trabajadoras. Teniendo a su total disponibilidad a las trabajadoras, con el consabido “me debes horas”, debido a que a menudo no nos encomiendan servicios suficientes para completar las jornadas.

CNT: ¿Hacen algo las administraciones?
CONCEPCIÓN LASTRA: Nada, aun teniendo pleno conocimiento de tales prácticas.

CNT: ¿Qué dirías a alguien que se encuentre en tu situación?
CONCEPCIÓN LASTRA: Que luchen por su puesto de trabajo y por unas condiciones dignas, que se puede conseguir, uniéndonos, porque somos un sector esencial y sin nosotras este servicio no funciona. También que pierdan el miedo, que no estamos solas, que desde CNT pedimos su solidaridad, ya que tendrán la nuestra. Porque no somos máquinas de hacer dinero, somos seres humanos y como tal debemos ser tratadas. Si no trabajan por ti, que no decidan por ti.

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