Éxito rotundo de la huelga general feminista del 8 de marzo

Éxito rotundo de la huelga general feminista del 8 de marzo

Las mujeres de todo el estado respondieron a la llamada del movimiento feminista y salieron ayer masivamente a la calle en la primera huelga general feminista convocada en su eje laboral por CNT junto a otras organizaciones sindicales de clase.

Después de una mañana intensa en la actividad de los piquetes informativos en empresas y centros de trabajo, la manifestaciones de la tarde contaron la participación de cientos de miles de personas según las estimaciones más moderadas. Los centros de las grandes ciudades del país se han quedado pequeños para acoger la asistencia a manifestaciones que no se recordaban desde los tiempos del 15M. En Madrid, Barcelona, Valencia, Zaragoza o Bilbao los centros urbanos han quedado totalmente colapsados.

La CNT, cuya tradicional bandera roja y negra se sustituyó por la morada y negra, acudió a la manifestaciones de numerosas ciudades en bloque con el sindicalismo combativo haciendo realidad una unidad de acción que ya se está conformando en diferentes sectores y empresas.

Desde CNT consideramos un logro la convocatoria de la primera huelga general feminista de 24 horas, a pesar de la labor de desinformación llevada a cabo por algunos medios de comunicación afines al gobierno, el boicot de UGT, CCOO, ELA y LAB, además de las trabas puestas por la administración en la negociación de los servicios mínimos.

A falta de datos precisos sobre seguimiento, desde CNT creemos que el éxito de la primera huelga feminista ha sido incontestable. Esperamos haber contribuido como organización con la convocatoria de 24 horas de huelga a la propagación de las reivindicaciones feministas y al incontestable éxito de participación en las distintas movilizaciones feministas que se produjeron durante todo el día de ayer y que acabaron con las históricas manifestaciones celebradas por la tarde en todas las ciudades del estado.

Por otra parte, desde CNT se han detectado conductas antisindicales y vulneradoras del derecho a la huelga en no pocas empresas, contra las que se tomarán en los próximos días las medidas legales oportunas.

La CNT felicita en este día al movimiento feminista y llama a todas las trabajadoras y trabajadores a continuar luchando contra el patriarcado y el capitalismo en todos los ámbitos y a todos los niveles. Porque mujeres y hombres tenemos que oponernos a la explotación en todas sus formas, como única manera de acercarnos a otros cuidados, a otra sexualidad y a otra economía en las que no tenga cabida este sistema heteropatriarcal injusto, caduco y agonizante que padecemos.

Pero nada se termina ayer. Hoy, 9 de marzo seguiremos trabajando con energías renovadas para que la lucha por el feminismo y la igualdad traspase el constatado éxito de este día y se convierta en esa necesaria realidad cotidiana que desde la fundación de nuestra organización venimos reivindicando sin descanso.

Secretariado Permanente del Comité Confederal
Confederación Nacional del Trabajo
Primera valoración de CNT sobre el seguimiento de la jornada de huelga general feminista del 8M

Primera valoración de CNT sobre el seguimiento de la jornada de huelga general feminista del 8M

La Confederación Nacional del Trabajo considera la primera Huelga General Feminista Internacional todo un éxito en sus cuatro vertientes: laboral, de cuidados, estudiantil y de consumo.

Debemos señalar que ya antes de realizarse la huelga, esta ha sido todo un éxito ya solo por el hecho de que se han puesto sobre la mesa debates en torno al machismo, la precariedad y la desigualdad de las mujeres en nuestra sociedad. Pese al boicot y silencio que ha sufrido la convocatoria de huelga de 24 horas por CCOO, UGT, ELA, LAB, CIG, algunos partidos políticos y grandes medios.

Partiendo de que el carácter de la huelga ha sido único, en lo laboral y donde la participación ha sido variada según territorios y sectores, encontramos sectores más feminizados como pueden ser Telemarketing, donde la participación ha llegado a ser de hasta un 50%. Se observan retrasos en los transportes e incluso en la industria, un sector altamente masculinizado, vemos que oscila la participación de un 10 a un 20%.

En grandes y medianas empresas se observan más tasas de participación que en las pequeñas, aunque en ambas hemos recibido quejas de presiones, amenazas y engaños actualmente en manos de nuestros servicios jurídicos.

En la administración nos hemos encontrado muchas veces con que la administración ha inflado las necesidades de los servicios, encontrándonos por ejemplo con el caso de un servicio de emergencias con un 120% de servicios mínimos en la Junta de Castilla y león. Vemos que hoy en jornada de huelga nos hablan del derecho al trabajo, pero se olvidan de él el resto del año.

Ha habido gremios que se han sumado a la huelga como son las periodistas, en cuyo ramo ha habido paros que incluso han llegado a ser del 100% como en programas como carne cruda, el programa de Ana Rosa, Espejo Público, …

Se han suspendido también rodajes de series como Acacias, las chicas del cable, Amar es para Siempre, La otra mirada, …

Por territorios, encontramos que la participación en las grandes capitales es amplia, visibilizándose en los piquetes que han colapsado los centros de las principales ciudades. En cambio, en las ciudades más pequeñas el cómputo global es bastante inferior, aunque en las capitales de provincia se ha notado participación.

En el ámbito estudiantil, el seguimiento ha sido prácticamente total, especialmente en enseñanzas medias y universitarias, dándose el caso de universidades masivamente paralizadas como la universidad de Sevilla, donde muchos centros no se han abierto y gran parte del profesorado ha secundado la huelga de 24 horas.

CNT ha participado desde el comienzo del turno de noche del día de ayer en decenas de provincias, participando en decenas de actos, desde caceroladas hasta piquetes en bici, pasando por manifestaciones nocturnas a los tradicionales piquetes informando a las trabajadoras y los trabajadores de los derechos que a los que pueden acogerse si hacen huelga.

Hemos observado en determinadas provincias mucha beligerancia a la huelga, como el caso de Valladolid, donde han detenido a compañeras de la asamblea feminista 8M, han quitado carteles y no han dejado hacer su labor a los comités de huelga, pero las compañeras no han dejado de hacer su labor para lograr que la huelga fuese un éxito.

Vemos que las movilizaciones de la mañana en principio convocadas por asociaciones estudiantiles se han visto acompañadas por miles de trabajadoras y trabajadores en huelga que las han convertido en multitudinarias.

Y estamos convencidos que esta tarde las movilizaciones van a ser más masivas si cabe, dado que las personas amenazadas y engañadas que no han podido secundar las 24 horas van a estar en las calles haciendo escuchar su voz y valer sus derechos.

Cinco huelgas de mujeres para abrir boca

Cinco huelgas de mujeres para abrir boca

Pese a la mayor precariedad de los sectores feminizados, las mujeres se han organizado en sus trabajos a lo largo de la historia en movilizaciones innovadoras en sus estrategias y que trascienden las reivindicaciones salariales. Estos son solo algunos ejemplos.

El movimiento feminista ha convocado una huelga global para este 8 de marzo. Una huelga que trasciende laboral, pero que también pretende incidir en ese ámbito. Pese a la mayor precariedad de los sectores feminizados, existen numerosos ejemplos de cómo las mujeres se han organizado en sus trabajos a lo largo de la historia.

Las huelgas de textil de principios del siglo XX en Cataluña, el sindicato de empleadas domésticas de Cazalla de la Sierra en el 36 o la huelga de Jaeger Ibérica en los 80 son solo algunos ejemplos de cómo las mujeres se han organizado en sus trabajos a lo largo de la historia, en movilizaciones innovadoras en sus estrategias y que, muchas veces, trascienden las reivindicaciones salariales.

Huelga de La Constancia, 1913

Una de las mayores movilizaciones a principios del siglo XX fue la promovida en 1913 por el sindicato femenino del Arte Fabril y Textil de Barcelona La Constancia. “Se inició el 30 de julio de 1913 y movilizó a entre 13.000 y 22.000 mujeres y, hasta su triunfo a finales de agosto, involucró en el paro a más de 50.000 huelguistas en un amplio marco territorial en Barcelona y otros centros de predominio textil, como Reus, Badalona, Manresa, Terrassa, Sabadell, Mataró, o Vilanova i la Geltrú”, recoge Mary Nash en ‘Trabajadoras : un siglo de trabajo femenino en Cataluña (1900-2000)’ . Las huelguistas querían aplicar la legislación laboral vigente de protección a las mujeres y los niños y sus demandas incluían una reducción de la jornada laboral a nueve horas, turnos de noche de ocho horas y aumentos salariales.

Sindicato de Empleadas del Servicio Doméstico de la CNT, 1936

En Cazalla de la Sierra, una de las huelgas más significativas fue la que protagonizaron las trabajadoras del servicio doméstico a primeros de junio de 1936”. Así lo cuenta José Antonio Jiménez Cubero en ‘Crónica local de la infamia franquista’ (autoedición, 2014)’. Tras varios intentos infructuosos de reunirse con sus patronos para negociar las condiciones de trabajo del gremio, las mujeres fueron a la huelga. “Durante la semana y media que duró el conflicto las trabajadoras realizaron varias manifestaciones por las calles principales de la localidad, además de organizar piquetes y presentar varias denuncias contra una serie de patronas que habían coaccionado a sus sirvientas para que no se sumaran a la huelga”, recoge Cubero. “Aunque al finalizar la tercera semana de junio el paro de criadas llegó a su término por agotamiento y las empleadas se reintegraron a sus trabajos nada volvería a ser lo mismo a partir de entonces en las relaciones interclasistas de la sociedad local”, sigue. Apenas dos meses después, el 12 de agosto de 1936, la localidad fue ocupada por las tropas sublevadas. De las diez que formaron parte de la dirección del Sindicato de Empleadas del Servicio Doméstico, cuatro fueron ejecutadas en los primeros meses de terror, otras cinco padecieron largas condenas de cárcel, y una fue depurada con la pérdida de empleo después del asesinato de su marido.

Las mujeres en las huelgas mineras de 1962, un papel crucial

La historia de la minería está llena de episodios de movilización en los que, pese a ser un sector altamente masculinizado, el papel de las mujeres ha sido crucial. Uno de los ejemplos más conocido es el del papel de las mujeres durante la huelga minera de Asturias en 1962, en pleno franquismo. Las mujeres cortaban carreteras, distribuían la recaudación de las cajas de resistencia, sostenían los hogares y organizaban piquetes en los que echaban maíz a los mineros que acudían a sus puestos (para señalarlos como “gallinas”). Este activismo desencadenó una dura represión contra ellas, como la ejercida contra Anita Sirgo, uno de los nombres propios de estas movilizaciones. Sirgo fue víctima de torturas en el cuartelillo de la Guardia Civil de Sama junto a su compañera Tina Pérez. Les dieron patadas y puñetazos hasta que consiguieron callarlas. Les raparon el pelo antes de soltarlas. Como se negaron a llevar un pañuelo en la cabeza, como les pidieron, las mandaron a la cárcel hasta que les creció el pelo.

Magnetti Marelli, una huelga social (1989)

Las trabajadoras de Jaeger Ibérica (hoy Magneti Marelli) marcaron un hito en los años 80 con sus movilizaciones por la igualdad salarial. Un jefe machista, una cultura heredada del franquismo (la del hombre como sustentador de la familia) y una discriminación salarial evidente pusieron en pie a estas mujeres en una batalla que apoyaron la mayoría de ellas. El hito de sus movilizaciones fue la huelga indefinida de 1989, una huelga en la que sus compañeros no participaron. Pedían revisar el convenio por el cual, gracias a un “plus de asiduidad”, ellos cobraban 7.000 pesetas más. También llamaban la atención sobre el hecho de que los puestos mejor pagados eran sistemáticamente ocupados por hombres, recuerda Tania Mercader, que entró en el comité de empresa en 1982.

En 1984, denunciaron a la empresa por discriminación salarial, y pese a conseguir un fallo a su favor, la empresa se negó a cumplir la sentencia. Por eso, las 320 trabajadoras de Jaeger Ibérica decidieron ir a la huelga, que unos días después declaran indefinida. Buscaron alianzas con otras organizaciones, multiplicaron sus formas de protesta (por ejemplo, paralizando un banco cuando fueron, tras la sentencia a su favor, a reclamar los pagos de sus compensaciones). Como explica Tania Mercader, dirigente sindical entonces, “se trataba de hacer ver que era una cuestión social”. El 8 de mayo de 1989, después de 3 semanas y 4 días de huelga, las 320 trabajadoras de Jaeger consiguieron un acuerdo para la equiparación salarial con los hombres. El documental ‘Aguantando el tipo’ recoge su historia.

La primera huelga en Inditex (2017)

La huelga de las trabajadoras de Bershka consiguió a finales de octubre de 2017 cerrar las cinco tiendas de la cadena en Vigo, Pontevedra y Vilagarcía de Arousa, en la primera huelga contra el grupo Inditex. Con una plantilla casi íntegramente compuesta por mujeres y un seguimiento de un 100% de los paros que se convocaron, las trabajadoras lograron ejercer presión para que se equiparase su sueldo con de sus compañeras y compañeros de otras provincias, del que les separaba una diferencia salarial del 130 euros.

Inditex aceptó gracias a la movilización de las empleadas abonar a las trabajadoras los salarios de tres de los nueve días que permanecieron en huelga. El acuerdo se adoptó pocas horas después de que la plantilla se manifestara frente a la sede de la empresa en Arteixo (A Coruña), en un acto que concentró a unas trescientas personas. Según la Confederación Intersindical Galega (CIG), sindicato al que pertenecen las cinco delegadas del comité de empresa, se consiguió también equiparar todas las mejoras en materia de vacaciones, permisos, excedencias, tiempos de descanso, lactancia y conciliación familiar.

Patricia Reguero
@DES_BORDES

“El pan nuestro de cada día”

“El pan nuestro de cada día”

De cara al cercano 8 de marzo no puedo sino dedicar unas líneas a un problema, tan importante como vergonzoso, y que afecta a más de la mitad de la población en este país: la discriminación hacia las mujeres, y aunque esto lo contempla la constitución en su artículo 14, se vulnera un día detrás de otro nuestro derecho a la igualdad.

Desde que nacemos se nos impulsa a asumir unos roles, unas enseñanzas estereotipadas como niñas o como niños, y nos meten a fuego una fuerte jerarquización así como la asunción de la existencia de dos géneros (quedando fuera de ese concepto binario la diversidad) y a su vez uno fuerte y uno débil, en vez de enseñarnos a ser personas y educarnos en la igualdad. Pero nuestros padres/madres aunque intentaron hacerlo lo mejor que podían, ellos también estaban educados en la misma historia. Todo esto es sumamente importante para el futuro desarrollo y comportamiento, ya que la infancia es el período de mayor aprendizaje.

Cuando tenemos edad para empezar a trabajar todo el peso de la jerarquía androcéntrica que históricamente ha gobernado, acentuado aquí con la pasada dictadura, recae sobre nosotras, todo unido al sistema explotador-capitalista al que le conviene mantener la sempiterna división: unos más arriba y otros más abajo. Es esa precisamente la cuestión, dar poder a unos sobre otros, ya sea en forma de riqueza o privilegios, pero el caso es mantener la división a toda costa y así el sistema goza de un individualismo cada vez más exacerbado.

Muchas mujeres han renunciado y renuncian al mundo laboral para así poder encargarse del hogar y de los cuidados que tradicionalmente hemos realizado nosotras, existiendo todavía un gran desequilibrio a la hora de asumir estas tareas.

Pero hoy día la gran mayoría estamos obligadas y obligados a trabajar para poder pagar hipoteca, alquiler, coche y demás; cosa que ha afectado directamente a la sobrecarga de tareas entre las mujeres con o sin núcleo familiar, teniendo que ocuparse del trabajo, la casa, la comida, los/as niños/as, los/as ancianos/as, casi convirtiéndose en una superwoman.

Para solventar este problema se deberían mejorar y aumentar los servicios públicos en materia de personas dependientes, para así poder descargar y aliviar un poco esas actividades no remuneradas, tras jornadas de ocho o más horas de trabajo por un sueldo de mierda, que es un 23% menor que el de los hombres, con mayor temporalidad, menos puestos a tiempo completo, más acoso laboral, y todo eso contando con que nos contraten, porque el paro femenino se sitúa ya por encima de los dos millones, medio millón más que el masculino (y eso que sus cifras tampoco son nada alentadoras).

Pues esto sucede todos los días, así como el acoso sexual, la violencia en el seno doméstico, los estereotipos de belleza, la presión social para tener novio-marido-hijos, en ese orden y sin satisfacer nunca la necesidad que parece que tiene mucha gente de manejar nuestras vidas, el trato infantilizador, paternalista y protector al que nos vemos sometidas y otras tantas y tantas cosas que seguro me quedan en el tintero.

Ante todos estos atropellos a la igualdad, desde CNT tenemos que decir que nosotras no queremos un nuevo discurso que supere el machismo reemplazándolo por su contrario, no queremos más abusos políticos, ni sociales, ni laborales, ni sexuales, no queremos cargos políticos ni puestos de responsabilidad en las grandes empresas, no queremos ser mujeres militares ni mujeres religiosas; sólo queremos que todas las discriminaciones terminen de una vez, queremos ser nosotras, las obreras, las que alcemos la voz; todas y todos juntos ejerciendo la solidaridad entre las personas.

Paremos todas el 8 de marzo, pero que no sea ése el único día de lucha, porque hay que desandar todo un camino muy largo.

Para todo esto compañeras, la conquista empieza por nosotras, y con el apoyo en la lucha, nos desprenderemos por fin de las conductas jerárquico-capitalistas. Luchemos por la verdadera igualdad. Porque nadie es más que nadie.

Gloria Muñoz

 

 

“Ni obreras explotadas en las fábricas ni esclavas en el hogar o la familia: ¡Por una sociedad sin amos ni señores, comunista libertaria, de hombres y mujeres libres!”

Teresa Claramunt

«El sector de cuidados es esencial y sin nosotras este servicio no funciona»

«El sector de cuidados es esencial y sin nosotras este servicio no funciona»

Entrevista a Concepción Lastra, cuidadora y delegada sindical de CNT.

Las y los asistentes de ayuda domiciliaria, un sector que realiza tareas esenciales en nuestra sociedad, denuncia la situación de precariedad y explotación en que se encuentra a lo largo y ancho del Estado.

En Santander, la UTE QSAD, empresa con la que el Instituto Cántabro de Servicios Sociales —del gobierno del PRC-PSOE— subcontrata el servicio de atención a personas mayores y dependientes impone a las cuidadoras condiciones leoninas sin apenas resistencia por parte de CCOO, según denuncian las trabajadoras. Concepción Lastra, delegada sindical de CNT nos explica en qué condiciones se encuentran y su lucha sindical. Lo tiene muy claro: «Si no trabajan por ti, que no decidan por ti».

CNT: ¿En qué consiste la ayuda a domicilio que prestáis?
CONCEPCIÓN LASTRA: Es un servicio con una serie de actuaciones preventivas, rehabilitadoras, formativas y de atención personal y doméstica realizas por personal cualificado llevadas a cabo en el domicilio de las personas en situación de dependencia, con el fin de prestar apoyo y atender sus necesidades básicas permitiendo la permanencia de los usuarios dependientes en su entorno y también prestando apoyo a sus cuidadores familiares.

CNT: ¿Es un sector muy feminizado?
CONCEPCIÓN LASTRA: Sí, aunque la dirección y dueños de estas empresas son mayoritariamente hombres.

CNT: ¿De dónde surgen el conflicto que tenéis ahora?
CONCEPCIÓN LASTRA: Esto ya se viene fraguando desde septiembre 2015, con la adjudicación de UTE QSAD ( diciembre 2015) que se quedó dos lotes, la zona 2 y la zona 3 que es la que nos ocupa. Pues bien, ya entonces la empresa QSAD empezó con las modificaciones en las condiciones de trabajo: hubo reducciones de jornada, cambios de categoría, dejar de pagar los kilometrajes etc., y ya en una reunión en septiembre 2015 con UGT las delegadas que había entonces y los asesores del sindicato nos dijeron que la nueva empresa “pintaba bien”, pero que no le parecía bien a la empresa el sistema de turnos 6/2 —trabajar seis días, descansar dos— con el que nos subrogaron, por lo tanto había que cambiarlo. El asesor que se jubilaba (Antonio Gázquez) de UGT dijo que 5/2 —cinco días, dos libranzas— y la asesora que quedaría en su puesto (Margarita Pelayo), nos dijo que sería un 4/2 —cuatro días se trabaja, dos se descansa—. No pudieron hacerlo entonces, y solo se solicitó a esta empresa un calendario laboral como tienen en la zona 2, pero aprovenchado la mayoría de la sección sindical de las trabajadoras independientes en el comité de empresa y a petición suya con apoyo de UGT nos pretenden imponer esta modificación a todas luces ilegal, ahora en el 2018, porque se va a sacar a subasta el servicio en el 2019. De esta forma nos subrogan aún más baratas.

CNT: ¿Qué solicita la sección sindical de CNT? ¿Y los otros sindicatos?
CONCEPCIÓN LASTRA: Lo que queremos ahora es impedir que se lleve a cabo tal modificación y nos respeten las condiciones en las que estamos, con las que fuimos subrogadas, y de ahí recuperar los derechos perdidos a lo largos de los años de subcontratación. También es nuestro objetivo mejorar las condiciones laborales de las trabajadoras, por lo que lucharemos por conseguir nuevas mejoras. Y que el servicio vuelva a ser público: eso es lo más importante. Quitando el Sindicato Unitario, que está en esta lucha, los demás sindicatos no han hecho nada para evitar la pérdida de derechos y han contribuido a la precarización de nuestras condiciones laborales. Es más, han desunido a la plantilla, y se ha dado el caso de una compañera, por hablar conmigo, literalmente me dijo que la pusieron “verde”. Considero que este no es el camino, sino que nos debemos de unir aunque sea entre nosotras como trabajadoras, puesto que tenemos los mismos problemas y luchas.

CNT: ¿Hay denuncias previas a esta?
CONCEPCIÓN LASTRA: Sí, tanto por modificaciones por reducciones de jornada, por kilometrajes, por despidos, por conciliación familiares etc.

CNT: ¿Cómo se aprovechan las empresas? ¿Cuáles son sus procedimientos?
CONCEPCIÓN LASTRA: En la puja de la subasta del servicio, pujan a la baja con ofertas temerarias y, claro, lo consiguen, pero eso no es viable y luego con sus predicciones de lo que esperan ganar, que luego no se cumplen, porque son absolutamente codiciosos, pretenden sacarlo de las trabajadoras y de las copagos de los usuarios. En la actualidad, la nueva propuesta de esta empresa es que el gobierno de Cantabria les pague más por hora prestada por usuario. Eso sí, contribuyendo las arcas públicas en su propio beneficio. Sus procedimientos ya son bien sabidos: abaratan costes, a través de precarizar a las trabajadoras. Hay que recordar que hacemos constantes desplazamientos en prestación del servicio —trabajan en distintos pueblos en un mismo día, atendiendo a gente mayor y dependiente que lo necesita—, con nuestro propio vehículo y sin apenas gastos de kilometraje por parte de la empresa, ya que lo costeamos las trabajadoras. Teniendo a su total disponibilidad a las trabajadoras, con el consabido “me debes horas”, debido a que a menudo no nos encomiendan servicios suficientes para completar las jornadas.

CNT: ¿Hacen algo las administraciones?
CONCEPCIÓN LASTRA: Nada, aun teniendo pleno conocimiento de tales prácticas.

CNT: ¿Qué dirías a alguien que se encuentre en tu situación?
CONCEPCIÓN LASTRA: Que luchen por su puesto de trabajo y por unas condiciones dignas, que se puede conseguir, uniéndonos, porque somos un sector esencial y sin nosotras este servicio no funciona. También que pierdan el miedo, que no estamos solas, que desde CNT pedimos su solidaridad, ya que tendrán la nuestra. Porque no somos máquinas de hacer dinero, somos seres humanos y como tal debemos ser tratadas. Si no trabajan por ti, que no decidan por ti.

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El 8 de marzo, a la huelga por nosotras

Históricamente el 8 de marzo se ha conmemorado el día internacional de la mujer trabajadora, pero el patriarcado ha conseguido convertirlo en un simplón “día de la mujer” que en pocos años terminará siendo algo parecido a la celebración de “el día de las Aguedas”. Se pretende borrar de un solo golpe la historia de las mujeres trabajadoras que lucharon y murieron por reclamar sus derechos como clase y como mujeres.

El 8 de marzo es una fecha con un fuerte contenido simbólico, como lo es el primero de mayo. Tenemos que visibilizar las luchas y no olvidar nuestra historia. Por ello es necesario recuperar el verdadero contenido del día 8 de marzo e incluso ir más allá, dotarlo de nuevas reivindicaciones y poner en marcha nuestra mejor herramienta de lucha: La Huelga General.

Existen mil razones para acudir, mujeres y hombres, a la Huelga General el 8 de Marzo y aquí se pretende reflejar algunas de ellas.

Llamar a la Huelga General el día en que se conmemora la lucha de la Mujer Trabajadora, no es solo una herramienta para denunciar la situación laboral de la mujer, sino que forma parte de una Estrategia de lucha contra el patriarcado y la desigualdad entre géneros. Por eso es importante que mujeres y hombres la secunden y con ello dejen patente su rechazo a la sobreexplotación de la mitad del género humano.

Por lo general las mujeres trabajadoras tenemos que soportar un grado de explotación más elevado que los hombres, desde el momento en que por iguales o similares trabajos la retribución salarial es considerablemente más baja. Sufrimos con mayor crudeza la temporalidad y precariedad laboral, al tiempo que tenemos multitud de sectores de actividad vedados a pesar de que no existe legislación que nos prohíba trabajar en ellos. También se nos penaliza la maternidad, pues permanecer fuera del trabajo por dedicarse al cuidado de los bebés durante unos años, supone que la reincorporación laboral se convierte en un calvario.

Es precisamente la estructura patriarcal de esta sociedad la que nos relega a un segundo plano, adjudicándonos básicamente un papel servil, cuidador y reproductivo que nos condena en el mundo laboral a ser una prolongación de ese pensamiento, por lo que sufrimos mayor temporalidad, tenemos menores salarios y ocupamos mayoritariamente sectores laborales relacionados con los servicios y los cuidados. Es significativo que durante el año 2016, 3 de cada 4 afiliadas a la seguridad social lo hiciera en solo 15 actividades económicas, entre las que destaca una abrumadora mayoría en el sector servicios. Prácticamente un tercio de la contratación femenina en 2016 se concentró en la hostelería y el comercio al por menor.

Se da también la circunstancia de que cada vez que la mujer se incorpora significativamente a un sector laboral masculinizado, los salarios bajan y las condiciones empeoran a una velocidad de vértigo. Un ejemplo claro y reciente es el sector de la prensa.

La realidad laboral que sufrimos las mujeres nos aboca a la pobreza, de ahí que se hable de la “feminización de la pobreza”, con raíces profundas en el sistema de explotación patriarcal, y no sólo mientras se está en edad laboral, sino también en la vejez, ya que dos de cada tres pensionistas que no superan el SMI son mujeres. En el 2016, mientras los varones pensionistas percibieron una media de 1.140,37 euros, ellas tuvieron que conformarse con 718,23; es decir, un 37% menos. La brecha resulta especialmente sangrante en los tramos más bajos de pensión. Hay 3.619.215 millones de pensionistas de ambos sexos que no pasan del SMI, fijado por el Gobierno para este año en 707,6 euros al mes. Pues bien, dos tercios de ellos (2.372.672) son mujeres, frente a 1.246.543 hombres.

La estabilidad laboral entre los varones es aproximadamente cinco puntos superior a la de las mujeres. El número de afiliadas a la seguridad social, de carácter temporal aumentó cinco veces más que las que lo hicieron por contratación indefinida, y las jornadas parciales siguen predominando entre las afiliadas que casi duplicaron a las registradas por los hombres cotizantes.

En 2016, al igual que en 2015, la modalidad de Contrato Eventual por circunstancias de la producción, a jornada completa y con una duración igual o inferior a un mes caracterizó la relación contractual más frecuente entre las trabajadoras –superó el 16 % de la contratación femenina–. Le siguieron en frecuencia, los contratos en la misma modalidad, con igual duración pero a jornada parcial (13,20 %) y los de Obra o servicio, a jornada completa y de duración indeterminada (13,04 %). Esta última fue la relación contractual más frecuente entre los varones, con más del 30 % de los contratos, evidenciándose así una vez más la brecha laboral, que siempre se produce en detrimento de las mujeres.

En 2016 los contratos indefinidos a mujeres se incrementaron solo en un 0,75%, frente a una aumento del 6,88% de los contratos temporales, estando el número de trabajadoras con contrato temporal dos puntos por encima de los registrados por los hombres. Todos los sectores experimentaron aumentos de la contratación temporal de mujeres por encima de la indefinida. Por tipo de jornada, la mayoría de las personas contratadas a jornada parcial, el 72,61 % eran mujeres mientras que la mayoría de los trabajadores a jornada completa, el 59,30 % eran hombres.

La brecha de género se traduce en unas tasas de actividad y de empleo inferiores a las de los hombres así como en una tasa de paro 3,03 puntos superior a la masculina.

No se puede obviar el problema del subempleo, que afecta en España a 1,9 millones de trabajadores, de los cuales el 59,09 % son mujeres y el 40,95 º% son hombres. En 2016, en contra de lo ocurrido el año anterior, la brecha de género en el subempleo se amplió casi 5 puntos porcentuales. El subempleo femenino se concentró, como no, en el sector servicios.

 

Podría continuarse aportando datos y datos que reflejan la sobreexplotación y segregación laboral que sufrimos las mujeres (si se desea más información es interesante acudir a la publicación del “Observatorio de las Ocupaciones. 2017 Informe del mercado de trabajo de las mujeres estatal datos 2016”).

En definitiva, la lucha contra el patriarcado no es solo cuestión de mujeres, la lucha contra la explotación, contra la pobreza, contra cualquier forma de dominación, nos incumbe a la totalidad del género humano, hombres y mujeres que comparten un ideario y son capaces de pelear por él.

Por ello el 8 de marzo es necesario que la totalidad de la clase trabajadora acuda a la huelga general, para convertir ese día en una jornada de lucha económica e ideológica, dotada de contenido reivindicativo y transformador, que empodere a la mujer trabajadora y deje un mensaje bien claro al sistema de explotación más antiguo de la humanidad.

Rosa Drosera
CNT Valladolid
Cuidar a las que cuidan

Cuidar a las que cuidan

Tanto o más importante que el techo de cristal para mujeres directivas es el suelo de barro en el que trabajan las mujeres que cuidan de mayores y dependientes.

 

No hay autonomía posible si esta no parte de los vínculos con los demás. El neoliberalismo lo sabe y, justo por eso, se empeña en convencernos de hacer vidas cada vez más individuales, ergo más precarias y a la vez dominables. A fuerza de dejar de preocuparnos por lo relacional, por los cuidados recíprocos, por el común, dejamos que la soledad acreciente nuestra vulnerabilidad, y permitimos, incluso, que la atención a esta vulnerabilidad se convierta en un nicho de mercado, y que se brinde con criterio empresarial.

El encargado de velar por la asistencia a mayores y dependientes en buena parte del Estado es hoy nada menos que Florentino Pérez, presidente del Real Madrid y, a la sazón, de Clece, sociedad multiservicios del grupo ACS, que cuando le falló el ladrillo amplió horizontes sin pudor. Vivimos en una sociedad lo bastante absurda como para poner los cuidados en manos empresas que lo mismo te gestionan un residuo urbano o una zona ajardinada que una residencia de ancianos o la asistencia domiciliaria. Se ha entregado un bien social al ámbito del negocio puro y duro. En fin.

Recientemente, la Plataforma de Auxiliares de Ayuda a Domicilio ha denunciado en el Congreso la precariedad con la que desarrollan un servicio esencial para colectivos vulnerables y, por tanto, para toda la sociedad —todos somos dependientes en alguna medida y, antes o después, lo seremos más—. Las cuidadoras se ven obligadas a denunciar la precariedad y la explotación en un sector que, cómo no, ha sido subcontratado ergo privatizado en todo el Reino de España.

En Cantabria, sin ir más lejos, las delegadas sindicales de CNT y el Sindicato Unitario han denunciado que la UTE QSAD, empresa con la que el Instituto Cántabro de Servicios Sociales (ICASS) subcontrata la asistencia domiciliaria desde 2016, recorta sus ya recortadas condiciones laborales, las explota, algo que, consideran, no sólo las afecta a ellas, sino que repercute en la calidad del servicio, en el bienestar de los usuarios, personas, recordemos, mayores y dependientes.

Hay denuncias en Cantabria, pero también en Madrid, Sevilla, Córdoba, Málaga, Bizkaia, Barcelona… Es general, vaya. Las empresas imponen contratos de jornada mínima con salarios muy bajos, reducciones de horas sin merma del trabajo a realizar, horarios discontinuos con desplazamientos no retribuidos, rapiña en los días de libranza cuando ni siquiera disfrutan de domingos y festivos, no reconocimiento de las enfermedades laborales… Condiciones deplorables, por resumir.

En este colectivo, la gran mayoría son mujeres: es un sector feminizado y, por ello, depauperado. Un sector, además, con un gran porcentaje de trabajadoras migrantes, muchas chantajeadas por la presión de no perder el contrato que asegure su residencia.

Cuidar de los ancianos, nuestros mayores, nuestros progenitores, quienes han trabajado tantos años, quienes acumulan una experiencia que la juventud por ley de vida no tiene, resulta ser hoy algo así como una gestión de residuos. Basta escuchar las declaraciones sobre el colectivo pensionista de ese icono de la vagancia y el descaro político-institucional que es Celia Villalobos —campeona del Candy Crush y de las siestas en el Congreso— para ver el lugar al que han quedado relegados los mayores en nuestra sociedad. Malas pensiones y mal acompañamiento, y todo ello bajo la sombra de una misma amenaza: la empresa y la banca acechan, quieren hacer caja en el sector de la protección y los cuidados.

Para revertir esta terrible tendencia, es imprescindible reconocer el valor social del trabajo de las mujeres que cada día se hacen cargo de una labor fundamental, mujeres que trabajan en pésimas condiciones mientras sufren en sus manos y sus espaldas la dureza de tareas vitales que otros no pueden o no quieren hacer. Deberían tener, cuando menos, tanta equidad en las condiciones laborales como prestigio social y, en cambio, se les come la precariedad mientras las administraciones miran para otro lado.

Ahora que el mensaje de los feminismos llega con más fuerza conviene recordar que la economía feminista pone en el centro el valor de los cuidados: la reproducción de la vida es una cuestión esencial que debemos asumir entre todos, y un trabajo cuyo valor debe ser reconocido. Es relevante romper el techo de cristal para mujeres que desean llegar a puestos directivos, pero lo es tanto o más acabar con el suelo de barro al que están abocadas mujeres que realizan una tarea tan desagradecida y silenciosa como fundamental. Crear riqueza social es mucho más que hacer dinero.

Así que gigantes como Eulen, Clece o empresas más pequeñas como QSAD, que muestran poca vocación de cuidados explotando y maltratando a sus cuidadoras, deberían considerarse incapacitadas para esta importante labor. Las cuidadoras advierten de que la privatización ha conseguido, sobre todo, empeorar el servicio. Experiencias de remunicipalización como la de Albolote muestran otro camino, una mejora del servicio —que incluso ha producido superávit— cuando el principio rector es el bien común y no el beneficio empresarial.

Algo dice de nosotros que proliferen los autocuidados en clave neoliberal —la industria de la felicidad egocéntrica: coaching, masajes, nutricionistas, personal trainer, yoga, mindfulness…— y cada vez menos los cuidados recíprocos. Parecemos no entender que la fragilidad y la vulnerabilidad son comunes a todos y en común se deben gestionar. Descuidarlo, descuidarnos, nos aboca a terminar nuestros días solos, enfermas, abandonados. Y nadie quiere acabar así.

Patricia Manrique
Artículo publicado originalmente en eldiario.es

La colonización de Nigeria y la guerra de las mujeres Igbo, que patearon un montón de culos blancos y negros

La colonización de Nigeria y la guerra de las mujeres Igbo, que patearon un montón de culos blancos y negros

La mañana del 18 de noviembre de 1929 parece una mañana como otra cualquiera. Mark Emerewua está haciendo su trabajo, que en los últimos meses consiste en revisar los datos que posee el gobierno británico sobre la población del este de Nigeria. Esos datos fueron tomados dos años antes, cuando la metrópoli decidió que podía incrementar todavía más el nivel de explotación al que estaba sometiendo a su colonia. Los colonos habían mandado decenas de funcionarios por todo el país para contabilizar a la población y anotar meticulosamente las cabezas de ganado que poseía. Después habían fijado una tasa por cada una de ellas. Contar a la población para hacer más eficientes los dispositivos de dominación. Conocerla mejor para explotarla mejor.

Ahora, en 1929, el gobierno británico se dispone a revisar esos datos. Según les ha dicho a las autoridades locales se trata solo de un intento de mejorar la información, que en muchos casos había quedado incompleta. Los gobiernos locales hacen la función que tienen asignada: cerrar la boca y complacer al amo. Al fin y al cabo, los británicos son los que les han colocado en el poder y les permiten hacer lo que quieran con la población siempre que no interfieran con los intereses de la metrópoli. La gente, en cambio, tiene muchos más motivos para desconfiar. El censo de hace dos años permitió la creación de un impuesto que ahoga sus miserables ganancias, y nada hace pensar que no vaya a suceder de nuevo. Cuando Mark Emerewua llama a las puertas de las casas y pregunta por el número de personas que viven en ella y el ganado que poseen, todos murmuran maldiciones entre dientes.

Una de las casas que visita Emerewua esa mañana es la de Nwanyeruwa, una mujer de mediana edad que acaba de quedarse viuda. Él interpreta a la perfección su papel de burócrata mezquino, pero ella no está dispuesta a que las maldiciones se queden solo entre sus dientes. Ha tenido demasiada mala suerte últimamente. En la ciudad se rumorea que el nuevo censo quiere extender los impuestos a las mujeres, que hasta entonces estaban exentas de pagar por el ganado que poseían. Cuando el funcionario le pregunta por el número de ovejas y cabras que tiene, Nwanyeruwa ve confirmados lo rumores que lleva semanas escuchando. Después de echarle de su casa a base de insultos y escupitajos, se dirige rápidamente a la plaza principal, donde siempre es fácil encontrar a mucha gente. Allí alerta sobre lo sucedido y convoca una asamblea de mujeres para esa misma tarde. La convocatoria se extiende con rapidez, las mujeres temen que los ingleses las ahoguen todavía más en la miseria y la desgracia que los blancos llevan consigo allá donde van. La mañana del 18 de noviembre de 1929 parecía una mañana como otra cualquiera, pero no lo era.

La principal decisión de la asamblea será la convocatoria de una protesta que tendrá lugar unos días más tarde, el 2 de diciembre. El objetivo inmediato es impedir la imposición de la tasa, pero hay muchas otras razones. Desde la llegada de los colonos, las mujeres de la etnia Igbo, a la que pertenece Nwanyeruwa, han perdido mucho poder. En la sociedad Igbo tradicional las mujeres disfrutaban de posiciones de autoridad en la organización política, social y religiosa de la aldea y el linaje se transmitía por vía materna. Sin embargo, la llegada del hombre blanco ha supuesto también la aparición del patriarcado, del odio y el desprecio a las mujeres. Los blancos han dado todo el poder a los hombres, que han ocupado los puestos que la administración colonial reserva para los nativos. Si antes los cargos eran electos y se repartían equitativamente, ahora la autoridad se concentra en unas pocas manos, las de aquellos que saben complacer a los colonos. Los amos siempre han sabido recompensar a los esclavos satisfechos.

La imposición del patriarcado ha acabado también con muchos de los mecanismos culturales que poseían las mujeres para apoyarse y defenderse entre ellas. Uno de estos mecanismos era el enfado, que se gestionaba colectivamente. Aunque podían tener sus propios problemas individuales, las mujeres eran consideradas una unidad cuando se producía un conflicto con un hombre. El enfado de una mujer era el de todas las mujeres de la aldea, así que los hombres lo temían y trataban de evitarlo. Esto no implicaba que los conflictos se resolviesen siempre a favor de las mujeres, pero esta red de solidaridad las colocaba en una posición más fuerte para dirimir los conflictos que tenían que ver con engaños, malos tratos o abusos de cualquier tipo. Además, la solidaridad actuaba también de forma preventiva, ya que los hombres evitaban realizar comportamientos que podían implicar un conflicto con todas las mujeres de la aldea.

Otro mecanismo cultural con el que contaban las mujeres igbo para apoyarse entre ellas era lo que se conocía como “sentarse encima de un hombre”. Esta práctica consistía básicamente en el señalamiento y la ridiculización de los hombres que habían tenido una actitud de desprecio hacia las mujeres, ya fuese por maltratar a su esposa, violar las normas del mercado que dependían de las mujeres o dejar que su ganado se alimentase en los terrenos donde pastaban los animales de una mujer. El señalamiento podía producirse de muchas formas diferentes, aunque las más frecuentes eran que las mujeres rodeasen la casa del hombre cantando canciones obscenas que ridiculizaban su virilidad o que, en casos más graves, destruyesen sus propiedades, llegando a incendiar su vivienda. En la sociedad igbo se consideraba que las mujeres tenían más capacidades de empatía y cuidado de lo colectivo, así que el resto de los hombres no solía defender al que había sido señalado. Esto no implica que los hombres tuviesen un rol permanente de sometimiento o pasividad, pero sí que las mujeres, entendidas como una unidad, eran las encargadas de la resolución de los conflictos, en tanto que se consideraba que tenían más capacidad para ello.

Sin embargo, la imposición de las instituciones coloniales había supuesto la ruptura de las sociedades indígenas, con la consecuente pérdida de las instituciones sociales y culturales propias. Como todos los demás pueblos colonizados, los igbo no solo ya no tenían capacidad de gobernarse a sí mismos, sino que ni siquiera podían ser quienes eran. El uno de enero de 1914 había entrado en vigor lo que a partir de entonces se conocería como el sistema de gobierno indirecto. Hasta ese momento los ingleses habían ocupado militarmente el territorio de Nigeria y facilitado y alentado la explotación privada de sus recursos, incluido el secuestro, tortura y venta de seres humanos como esclavos. Sin embargo, a partir de 1914 la metrópoli se dotará también de una estructura política capaz de garantizar de forma más efectiva el control sobre el territorio. Para ello creará la figura de los Jefes de Garantía, individuos nativos seleccionados por los colonos que se encargarán de hacer cumplir las disposiciones de la metrópoli. Sin otra función que la de complacer a los colonos a cambio de la mitad del dinero recaudado con impuestos, los Jefes de Garantía se convertirán en auténticos tiranos capaces de las mayores barbaridades. Esta dominación en el plano político se complementará con la labor de los misioneros cristianos, que contribuirán a la desestructuración de las sociedades indígenas mediante la imposición de la lengua, la educación, la religión y las prácticas culturales de la metrópoli. Por si eso fuera poco, los británicos creaban ahora un sistema de impuestos que gravaba las posesiones de toda la población, fuese cual fuese su poder adquisitivo. La dominación económica se unía así a la cultural y la política para crear una trampa de la que era imposible escapar. La avaricia de los blancos no tenía fin.

La mañana del 2 de diciembre más de diez mil mujeres se manifiestan frente a la oficina del Jefe de Garantía de la ciudad. La convocatoria ha corrido rápido por toda la provincia, así que también acuden mujeres de pueblos cercanos. Sin embargo, el Jefe de Garantía se niega a hablar con ellas. Las órdenes que ha recibido son claras, y no está dispuesto a perder la mitad de los ingresos que le han prometido por la nueva tasa. Pasan las horas pero las mujeres no están dispuestas a marcharse. Tampoco a quedarse quietas. Cuando cae la tarde, las igbo comienzan a cantar y bailar de forma ridícula, riéndose de los hombres que ocupan los puestos creados por los colonos. Rodean sus casas e impiden que salgan de ellas. De todas formas tampoco se atreven, la vergüenza del señalamiento se une al temor de que las mujeres consideren que la ofensa requiere acciones más contundentes. Al fin y al cabo, ellos también son igbo y saben lo que significa la práctica de “sentarse encima de un hombre”. Los blancos, en cambio, son demasiado soberbios para darle importancia a lo que está pasando. Aunque ellos también son señalados, piensan que todos esos bailes ridículos son solo la muestra de la inferioridad de los negros, especialmente de las mujeres. Como siempre, no entienden nada.

Durante los días siguientes, la protesta gana en intensidad y se extiende a más regiones del sur de Nigeria. La tensión aumenta por momentos. Las autoridades coloniales hacen caso a las súplicas de los Jefes de Garantía y envían tropas a las áreas afectadas. El objetivo es acabar con la protesta por la fuerza pero el envío de militares solo empeora la situación. Es una provocación, una declaración de guerra. Las mujeres comienzan a cortar carreteras para paralizar el tráfico comercial de los colonos. En uno de esos bloqueos, un militar británico atropella a varias mujeres, matando a dos de ellas. El resto de manifestantes se lanza hacia el coche y destroza el vehículo, intentando linchar a su ocupante. Éste consigue salir y huye del lugar malherido. Las mujeres no se equivocaban: los colonos les habían declarado la guerra.

Los hechos que sucederán durante las cuatro semanas siguientes serán conocidos entre los igbo como Ogu Ndem, “la Guerra de las Mujeres”. Grupos organizados de entre cuatrocientas y cuatro mil mujeres atacarán de forma sistemática puntos clave para la dominación política y económica de los colonos. Centenares de oficinas de correos, sedes de bancos y tiendas son atacadas e incendiadas. Lo mismo sucederá con los edificios oficiales: las mujeres no solo culpan a los colonos, sino también a los Jefes de Garantía, que actúan como perros obedientes con sus amos y se benefician de la explotación que estos generan.

La respuesta de los colonos no tardará demasiado. En una de las mayores protestas de la guerra, en la que participan más de veinticinco mil mujeres, la policía dispara contra las manifestantes y asesina a cincuenta de ellas. Después incendian aldeas enteras como forma de castigo colectivo. Sin embargo, la tensión es demasiado alta y los británicos temen que el levantamiento se extienda a más áreas del país, afectando a sus intereses económicos. Incapaces de reprimir el conflicto por la fuerza, dan marcha atrás a la imposición de la nueva tasa y destituyen a los Jefes de Garantía que ejercían su poder de forma más déspota. Además, permiten el acceso de las mujeres a las Cortes Nativas, las instituciones que hacía las veces de órgano representativo de los intereses de los indígenas en cada región, aunque en la práctica estaban controladas por los colonos.

La Guerra de las Mujeres ha pasado a la Historia como la mayor insurrección a la que tuvo que enfrentarse el gobierno colonial británico durante la ocupación de Nigeria. El levantamiento quedó en la memoria colectiva e inspiró muchas protestas, entre ellas la de 1938 contra los impuestos, la de 1940 contra los molinos de aceite o la de 1956 de nuevo contra el sistema impositivo. El fin de la colonización no se consiguió hasta 1960, pero las mujeres tenían razón: los colonos les habían declarado una guerra. Y la habían perdido.

De batallones y mujeres en guerras y revoluciones de Layla Martínez para nosotras.cnt.es
Edición: Antipersona
Caminando hacia la Huelga General 8M

Caminando hacia la Huelga General 8M

Los sindicatos que firmamos este manifiesto hacemos un llamamiento a todas las mujeres, bollos y trans del sur de Madrid a que secunden y apoyen la huelga feminista del 8M convocada por la Comisión 8M del Movimiento Feminista Estatal.

Porque nosotras somos las pobres, las precarias, las migrantes, las trabajadoras del sexo, las paradas, las desahuciadas. A las que la crisis golpea con más fuerza porque a nuestras casas llegó antes que a los barrios más pudientes. Somos las invisibles y las marginadas, a las que no les dan voz porque nuestra opinión parece que no importa. Pero también somos las más guerreras, nuestra forma de vida es una lucha constante: para llegar a fin de mes con nuestros trabajos precarios a veces sin ni siquiera contrato, con nuestros hijos porque la conciliación familiar es algo con los que los políticos se llenan la boca pero que nosotras no hemos llegado a ver, en casa, con ese reparto de tareas en el que nosotras trabajamos fuera y también dentro de casa. Luchamos por quien amamos, para intentar normalizar una situación en nuestros barrios que para nosotras es totalmente normal, porque solo estamos amando a una persona, sin importar su género.

Llamamos a la huelga a nuestras vecinas, nuestras hermanas, madres y amigas porque el eslogan de la huelga, ‘SIN NOSOTRAS SE PARA EL MUNDO’, en el sur de Madrid está más presente que nunca, nosotras somos las que limpiamos sus casas, cuidamos de sus hijos e hijas y de sus mayores, las que trabajamos en sus empresas y las que les servimos el café de la mañana, sin nosotras las y los de arriba no son nadie.

Dicen que el feminismo está de moda, pero no el nuestro, el nuestro sigue siendo incómodo y combativo, no utilizamos buenas palabras para expresar nuestra rabia y frustración cuando sufrimos las injusticias diarias por nuestro género, tendencia sexual o clase social. Somos las que estamos en las puertas de las empresas megáfono y bandera en mano reclamando nuestros derechos y exigiendo mejoras laborales, las que paramos los desahucios haciendo piña contra la policía, las que están en las manifestaciones por una sanidad pública y de calidad a la que no la llegan los fondos públicos porque los políticos los reparten entre sus amigotes, las que pelean por una buena educación para sus hijos e hijas, las que estamos en las protestas estudiantiles.

Os llamamos a todas a la huelga porque nos están matando. Nos mata quien dice amarnos, nos mata quien recorta la inversión en violencia de género, nos mata quien recorta en educación. Nos mata quien en vez de dar una noticia y llegar a la raíz del problema, se detiene en detalles morbosos y escabrosos. Nos matan, nos cuestionan quienes se supone que están para hacer justicia, jueces y policías.

Llamamos a la huelga también a nuestros vecinos, hermanos, padres y compañeros, a aquellos que comparten nuestra lucha diaria, para que ese día están a nuestro lado, apoyando. Porque la discriminación por cuestión de género es algo que nos atañe a todas y todos.

Las y los anarcosindicalistas luchamos por una sociedad en la que cualquier forma de autoridad sea abolida. Queremos que todas las personas, independientemente de nuestro sexo, podamos vivir, desarrollarnos y relacionarnos en pie de igualdad y de libertad. Por eso exigimos:

  • Equiparación salarial: La brecha salarial alcanza niveles vergonzosos y se concreta en la menor retribución de las mujeres por trabajos equivalentes, infravaloración de categorías tradicionalmente femeninas o diferencias salariales entre sectores feminizados y masculinizados.
  • Acceso igualitario al empleo, la promoción y la formación.
  • Fin de la precarización del empleo de las mujeres: los contratos temporales, parciales con jornadas extenuantes fuera de contrato o los trabajos por horas sin cotización o sin contrato son una epidemia en las condiciones de trabajo de las mujeres.
  • Reconocimiento del trabajo de cuidados realizado en su gran mayoría por mujeres sin remuneración.
  • Medidas efectivas contra el acoso sexual hacia las mujeres en el ámbito laboral.
  • La implantación obligatoria de planes igualdad en todas las empresas.

Necesitamos que todo cambie para poder hablar de igualdad y por eso el 8M saldremos juntas a la calles.
Súmate a la huelga general de mujeres del 8M “PORQUE SIN NOSOTRAS SE PARA EL MUNDO”.

CNT COMARCAL SUR
CNT ARANJUEZ
CGT ZONA SUR