Fuenlabrada – 22 de abril

Fuenlabrada – 22 de abril

Desde CNT Fuenlabrada, os queremos invitar este domingo 22 de abril a pasarlo juntas y disfrutar  de un montón actividades.

Nosotras creemos que no es suficiente un solo día al año de protesta, que el resto de los 364 días seguimos existiendo. Que nuestra lucha sigue presente por los derechos y libertades de las mujeres en todos los ámbitos de nuestro día a día. Juntas seguir construyendo y lograr destruir al patriarcado.

Por eso nosotras seguimos con nuestras jornadas PARA SEGUIR VISIBILIZANDO LA LUCHA FEMINISTA.

JUNTAS Y FUERTES FEMINISTAS SIEMPRE

Desigualdad o patriarcado? Una reflexión desde la conciencia de clase  y otras formas de dominación

Desigualdad o patriarcado? Una reflexión desde la conciencia de clase y otras formas de dominación

El patriarcado no tiene clase, pero el feminismo sí. Hay varios tipos de feminismos y el feminismo que tiene conciencia de hasta dónde permea verdaderamente el patriarcado es un feminismo de clase, anticapitalista, antirracista, anticolonial, y consciente de que distintas formas de opresión se retroalimentan. No quiero tomar aquí una actitud beligerante contra otros feminismos que no compartan las ideas que yo aquí voy a exponer. Lo que me gustaría es llamar la atención sobre el hecho de que, a pesar de que parece que en los últimos años se ha tomado conciencia de la cuestión de género, todavía el patriarcado como tal, y su inseparable relación con el estado, el capitalismo y la guerra, estén relegados a los núcleos duros del feminismo radical. Hay que empezar a llamar a las cosas por su nombre y decir basta al hecho de que parezca que la violencia de género, el reparto desigual de las tareas domésticas o la brecha salarial, son cosas diferentes entre sí, y que éstas y nuestro sistema político y económico no tienen nada que ver. Todas esas formas de violencia y explotación están ligadas y no se trata sólo de desigualdad. Ni siquiera se trata sólo de violencia física y emocional, se trata también de explotación y de control, de un sistema a fin de cuentas que desde la familia y la escuela hasta el trabajo y el estado reproduce dinámicas, relaciones y estructuras que sistemáticamente otorgan esa capacidad de control, explotación y de ejercer diferentes formas de violencia y opresión contra niñas, mujeres y ciertas masculinidades que se tachan de femeninas. Es por tanto difícil echar a un lado al patriarcado de manera independiente con leyes que simplemente atenúen aspectos de las relaciones de género.

El patriarcado tiene dos grandes pilares: el sexual y el económico. El control sexual es una forma de repartir la riqueza y el trabajo. Casilda Rodrigáñez argumenta que el patriarcado se ha desarrollado a base de reprimir y controlar la sexualidad femenina y maternal (tanto de las madres como de la prole) hasta convertirlas en objeto de satisfacción masculina, en algo doloroso o incluso en algo vergonzoso y reprobable. Las mujeres han perdido conciencia de sus úteros, sus orgasmos suelen reducirse al clítoris, sus partos suelen ser dolorosos y a l@s hij@s hay que separarlos pronto del regazo y el pecho materno. Como la propia Rodrigáñez ha estudiado, el paso de sociedades reguladas por el placer y lo matrístico (que no matriarcal, cf. Humberto Maturana) en el paleolítico y el neolítico a sociedades basadas en la ley de Dios, del rey o del librecomercio, indica en gran medida cómo nuestras instituciones políticas y económicas son en sí mismas instituciones patriarcales. Son instituciones que estructuran las relaciones políticas y económicas, incluyendo las familiares y sociales, en jerarquías donde el género impone una posición subordinada a la mujer y a lo femenino.

Esta posición subordinada tiene consecuencias sobre el reparto de poder simbólico y material, la riqueza y los tipos de trabajo. Es más, tal y como han apuntado teóricas de la economía de cuidados (aquí y aquí por ejemplo), la posición subordinada de la mujer juega un papel regulador en la economía puesto que permite que muchas tareas necesarias para la sociedad se sigan haciendo de manera gratuita o a muy bajo coste, para que otras puedan ser altamente remuneradas, incluso si su utilidad para la sociedad es escasa. De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística de 2017, en España, un 84% de las mujeres se involucra en tareas domésticas frente a un 42% de los hombres, y un 95% frente a un 68% en el cuidado y educación diaria de hijos. Las mujeres en España emplean de media un 26% a trabajos no remunerados, además del 33.9% de las horas que emplean en trabajar. De la misma encuesta se desprende que las mujeres a tiempo completo pueden pasan un 65% de su tiempo trabajando entre un tipo de trabajo y otro. En los hombres esto se reduce a un 56.3%, haciendo una media de 14% de horas no remuneradas. Esto no es sólo una cuestión de desigualdad, o de cómo generaciones anteriores nos han legado el reparto de tareas domésticas y de cuidados, esto es un efecto de cómo el capitalismo patriarcal mantiene así el trabajo remunerado, los mejores salarios y el manejo de la economía en manos de los hombres – como algo natural – y a las mujeres como colectivo regulador dependiente de las obligaciones de cuidados y las necesidades del mercado.

Esta forma de regulación viene además sustentada por el sistema de clases, al que habría que añadir otras formas de opresión como la raza, la etnia o la edad. Cuanto más poder adquisitivo, más posibilidades de acceso a puestos mejores pagados, menos trabajo no remunerado y viceversa. Ya lo decía el antropólogo Paul Willis: los hijos de curritos generalmente terminan siendo curritos. En los últimos años en España los trabajos manuales intensivos en la agricultura, la construcción, el turismo y los servicios del hogar han sido copados por personas inmigrantes. Esto ha provocado a su vez un incremento de la pequeña burguesía española (blanca, paya), sobre todo en el período anterior a la crisis. A pesar de que la productividad de estas personas ha sido la base de la expansión económica hasta el 2008, fueron las inmigrantes, las más castigadas por la crisis – casi ¼ del total de empleos perdidos entre el 2008 y el 2013 estaban ocupados por inmigrantes. La capacidad que tiene la economía para enriquecer a unos sectores de la población en detrimento de otros se basa precisamente en la estratificación por clase, género, color, edad, etc.

Terminar con esta explotación sistemática o incluso empezar a desmontarla no implica que más mujeres tengamos acceso a esos puestos lucrativos y de responsabilidad sino que hagamos un examen crítico de porqué ciertos trabajos están remunerados, y cómo, y otros no. A lo primero que nos lleva tal examen es a darnos cuenta de que luchar por la igualdad de género sin luchar por la igualdad de clases es una hipocresía. Pero no quiero aquí enarbolar la bandera de la igualdad. Como lo han dicho feministas negras desde Estados Unidos a Nigeria: luchar contra una forma de desigualdad y no por otra no sólo hace invisible el verdadero funcionamiento de los sistemas de opresión, sino que hace la lucha poco efectiva. Si queremos que cambien las cosas, verdaderamente nos tenemos que plantear el fin del patriarcado, y con él, todos los sistemas de opresión. Es más, como ya lo apuntaban nuestras compañeras de Mujeres Libres, el fin del estado y el capitalismo no provocará el fin del patriarcado, ni el fin del estado y el capitalismo se logrará sin el fin del patriarcado.

El problema que tenemos las mujeres, es que hablar en estos términos, como hablar en términos de ‘capitalismo´, ‘estado, etc’ está bien enraizado en el campo de lo ‘utópico’, ‘lo imposible’, ‘lo radical’, o cualesquiera otros términos represivos. Pero para entender que es posible cambiar tenemos que darnos cuenta de que tanto el patriarcado, como las clases, el estado y el capitalismo no son algo natural o permanente. Son algo creado históricamente. Y como legado histórico-político y social se pueden cambiar, y tenemos la obligación de cambiarlos para las generaciones posteriores.

Las investigaciones antropológicas y arqueológicas de los últimos tiempos están desmontando la narrativa común de la humanidad que es algo como sigue: éramos seres salvajes viviendo en comunidades pequeñas y a medida que hemos ido creciendo en número, sobretodo gracias a la agricultura y al asentamiento sedentario han surgido estructuras políticas y militares complejas y nuestra sociedad actual es la consecuencia natural de ese proceso. Mentira. La evidencia muestra que desde tiempos del paleolítico superior y el neolítico han existido sociedades con estructuras jerárquicas que han sido desmontadas para pasar a ser sociedades más igualitarias y viceversa. Como afirman David Graeber y David Wengrow:

«la evidencia arqueológica sugiere que en los asentamientos con alta variabilidad climática de la última era glaciar, nuestros ancestros remotos se estaban comportando de manera bastante similar: cambiando constantemente entre sistemas de organización social… y sobre el entendimiento de que ningún orden social era fijo o inmutable»

Es posible que el camino tenga que ser hecho a través de pequeñas metas y pequeñas victorias. La #huelgafeminista es una de ellas y está empezando a consolidarse. Si persistimos, es posible que lleguemos a un paro total que provoque cambios necesarios. No es la primera vez. En Estados Unidos en 1909 las mujeres pararon la ciudad de Nueva York para mejorar sus salarios y reducir las horas. En 1961 las mujeres comenzaron una huelga contra la carrera nuclear que empujó al presidente Kennedy a firmar el tratado de prohibición de pruebas nucleares. En Islandia en 1975 un paro de mujeres seguido por el 90% de las mujeres consiguió pasar leyes equitativas al día siguiente en el parlamento. La lucha de las mujeres es larga y digna. Pero no debemos olvidar el objetivo final. Luchemos por una sociedad libre, sin violencia ni explotación.

Marta Íñiguez

PALENCIA – 8 DE MARZO – 17:00H.

PALENCIA – 8 DE MARZO – 17:00H.

PROYECCIÓN Y DEBATE DEL DOCUMENTAL MUJERES DEL 36 (Arte – TVE, 1999)

«Mujeres del 36«: Expone la vida cotidiana de 6 mujeres que reivindican los derechos de las mujeres desde la II República hasta el Exilio.

Destaca la presencia de Concha Pérez (CNT-FAI) y Concha Liaño (Juventudes Libertarias y Mujeres Libres)

Jueves: 8 de Marzo de 2018 (HUELGA GENERAL FEMINISTA)
Hora: 17.00

Tras el acto hay una manifestación con salida a las 20h. desde el Monumento a la Mujer Palentina

Organiza: Ateneo Libertario Eduardo de Guzmán de CNT Palencia

Lugar: Local de CNT Palencia, calle Don Pelayo, 14 (Palencia)

FUENLABRADA – MARZO

FUENLABRADA – MARZO

Desde el S.O.V. de CNT Fuenlabrada con motivo del 8 de Marzo.
Este 8 de Marzo nos gustaría contar en primer lugar con todas las mujeres, con todas esas guerreras que día a día luchan por seguir adelante en esta sociedad que tanto nos oprime. Que juntas no dejemos que el miedo ni las dificultades de cada día venzan nuestras fuerzas y demostrar que si paramos las mujeres, TODO SE PARA.
Nosotras creemos que no es suficiente un solo día de protesta al año, pues el resto de los 364 días seguimos existiendo. Que nuestra lucha es la de conseguir derechos y libertades para las mujeres en todos los ámbitos de nuestro día a día. Creemos que es juntas como tenemos que seguir construyendo redes que logren destruir al patriarcado.
No queremos tener miedo cuando vamos de camino solas a casa, ni ser acosadas por las calles, ni queremos adoptar ese antiguo papel de tener que realizar las tareas domésticas o el cuidado familiar sólo por el simple hecho de ser mujeres.
Queremos ser libres y no tener miedo.
Por ello y por todas nosotras, desde CNT FUENLABRADA, hemos preparado unas jornadas feministas durante todo el mes de marzo, y para que estas jornadas sean un éxito os NECESITAMOS a todas y todos. En nuestra web iremos informando de diversos actos que organizaremos, adaptados para todos los públicos, desde las más pequeñas hasta nuestras mayores que tanto nos han cuidado.
¡La revolución será feminista o no será!

S.O.V. CNT FUENLABRADA

«El pan nuestro de cada día»

«El pan nuestro de cada día»

De cara al cercano 8 de marzo no puedo sino dedicar unas líneas a un problema, tan importante como vergonzoso, y que afecta a más de la mitad de la población en este país: la discriminación hacia las mujeres, y aunque esto lo contempla la constitución en su artículo 14, se vulnera un día detrás de otro nuestro derecho a la igualdad.

Desde que nacemos se nos impulsa a asumir unos roles, unas enseñanzas estereotipadas como niñas o como niños, y nos meten a fuego una fuerte jerarquización así como la asunción de la existencia de dos géneros (quedando fuera de ese concepto binario la diversidad) y a su vez uno fuerte y uno débil, en vez de enseñarnos a ser personas y educarnos en la igualdad. Pero nuestros padres/madres aunque intentaron hacerlo lo mejor que podían, ellos también estaban educados en la misma historia. Todo esto es sumamente importante para el futuro desarrollo y comportamiento, ya que la infancia es el período de mayor aprendizaje.

Cuando tenemos edad para empezar a trabajar todo el peso de la jerarquía androcéntrica que históricamente ha gobernado, acentuado aquí con la pasada dictadura, recae sobre nosotras, todo unido al sistema explotador-capitalista al que le conviene mantener la sempiterna división: unos más arriba y otros más abajo. Es esa precisamente la cuestión, dar poder a unos sobre otros, ya sea en forma de riqueza o privilegios, pero el caso es mantener la división a toda costa y así el sistema goza de un individualismo cada vez más exacerbado.

Muchas mujeres han renunciado y renuncian al mundo laboral para así poder encargarse del hogar y de los cuidados que tradicionalmente hemos realizado nosotras, existiendo todavía un gran desequilibrio a la hora de asumir estas tareas.

Pero hoy día la gran mayoría estamos obligadas y obligados a trabajar para poder pagar hipoteca, alquiler, coche y demás; cosa que ha afectado directamente a la sobrecarga de tareas entre las mujeres con o sin núcleo familiar, teniendo que ocuparse del trabajo, la casa, la comida, los/as niños/as, los/as ancianos/as, casi convirtiéndose en una superwoman.

Para solventar este problema se deberían mejorar y aumentar los servicios públicos en materia de personas dependientes, para así poder descargar y aliviar un poco esas actividades no remuneradas, tras jornadas de ocho o más horas de trabajo por un sueldo de mierda, que es un 23% menor que el de los hombres, con mayor temporalidad, menos puestos a tiempo completo, más acoso laboral, y todo eso contando con que nos contraten, porque el paro femenino se sitúa ya por encima de los dos millones, medio millón más que el masculino (y eso que sus cifras tampoco son nada alentadoras).

Pues esto sucede todos los días, así como el acoso sexual, la violencia en el seno doméstico, los estereotipos de belleza, la presión social para tener novio-marido-hijos, en ese orden y sin satisfacer nunca la necesidad que parece que tiene mucha gente de manejar nuestras vidas, el trato infantilizador, paternalista y protector al que nos vemos sometidas y otras tantas y tantas cosas que seguro me quedan en el tintero.

Ante todos estos atropellos a la igualdad, desde CNT tenemos que decir que nosotras no queremos un nuevo discurso que supere el machismo reemplazándolo por su contrario, no queremos más abusos políticos, ni sociales, ni laborales, ni sexuales, no queremos cargos políticos ni puestos de responsabilidad en las grandes empresas, no queremos ser mujeres militares ni mujeres religiosas; sólo queremos que todas las discriminaciones terminen de una vez, queremos ser nosotras, las obreras, las que alcemos la voz; todas y todos juntos ejerciendo la solidaridad entre las personas.

Paremos todas el 8 de marzo, pero que no sea ése el único día de lucha, porque hay que desandar todo un camino muy largo.

Para todo esto compañeras, la conquista empieza por nosotras, y con el apoyo en la lucha, nos desprenderemos por fin de las conductas jerárquico-capitalistas. Luchemos por la verdadera igualdad. Porque nadie es más que nadie.

Gloria Muñoz

 

 

“Ni obreras explotadas en las fábricas ni esclavas en el hogar o la familia: ¡Por una sociedad sin amos ni señores, comunista libertaria, de hombres y mujeres libres!”

Teresa Claramunt

¡Nada de nosotras sin nosotras! ¡Contra la feminización de la pobreza!

¡Nada de nosotras sin nosotras! ¡Contra la feminización de la pobreza!

Ya sea en las relaciones privadas, en el trabajo o en la esfera pública, las mujeres1 se enfrentan continuamente a la discriminación, las desventajas estructuales o la violencia sexual. Las mal llamadas políticas de igualdad hacen de ellas, cada vez más, trabajadoras “utilizables”. Al igual que los hombres, se enfrentan a condiciones de explotación en cada una de estas áreas. No obstante, las estructuras del patriarcado, junto con el sistema capitalista, hacen que se atribuya un valor menor a las mujeres y a su trabajo. La socialización predominante del género y las políticas educativas vigentes refuerzan su imagen prevalente como cuidadoras, no solo en el conjunto de la sociedad, sino también en las propias mujeres. En comparación a los hombres, se les paga menos en el mercado laboral por el mismo trabajo o por tareas que se perciben y se valoran como “trabajo femenino”. Como resultado de esto, están más expuestas a la precariedad y se ven amenazadas más a menudo por el desempleo de larga duración y por la pobreza (en la vejez). Esto es lo que se conoce como “feminización” de la pobreza.

Un salario menor y el abuso o el acoso sexuales forman parte de la explotación en las condiciones laborales, pero también son formas de discriminación contra las mujeres que están presentes fuera del centro de trabajo. En la esfera privada, las mujeres adoptan rasgos de género tradicionales, al realizar tareas que se cree que les corresponden en exclusiva y que están, por lo tanto, asociadas con el género femenino. Esto significa que se hacen cargo de los cuidados no retribuidos, las tareas domésticas y la educación. Al mismo tiempo, los cuidados, tareas domésticas, atención a niños y niñas y el trabajo sexual, se pueden comprar en el mercado capitalista, en el que las tareas se reparten conforme a divisiones de género. No obstante, el trabajo asignado al género femenino está mal pagado, es temporal, ilegal, acarrea un estigma y en su mayor parte no está cubierto por la seguridad social. Aunque las mujeres precarizadas realizan un trabajo fundamental en la sociedad, ellas mismas se ven limitadas en el modo en que pueden conformar sus propias vidas.

Conscientes de estas limitaciones socio-económicas, se ha formado la Iniciativa Feminista de FAU (Fem*FAU). Su objetivo es contribuir a la lucha de las mujeres para su emancipación en la vida cotidiana, es decir, en el centro de trabajo, en la oficina de empleo, en el sindicato y también en la esfera privada. Su escasa participación en los sindicatos nos ha llevado al punto en el que nos tenemos que volver a plantear el siguiente interrogante: ¿para qué necesitan las mujeres a los sindicatos? En nuestras reuniones de Fem*FAU hemos analizado los problemas de las afiliadas a FAU, tales como los cuidados no pagados, el sexismo en el centro de trabajo, los derechos de las trabajadoras sexuales y las relaciones de género jerárquicas. Así, como sindicato de base que persigue una sociedad igualitaria, FAU está retomando estos puntos de forma explícita. ¡No puede haber una crítica del capitalismo sin una crítica del patriarcado! Las mujeres necesitan un sindicato que les permita organizarse por sí mismas. Por eso, trabajamos juntas para desarrollar una estrategia que no solo se enfrente a su falta de participación en los sindicatos, sino que lo haga con la discriminación en todas las áreas de la sociedad. El conjunto de nuestras actividades es muy amplio: desde asesoramiento contra el sexismo, el desarrollo de conceptos teóricos, la organización de las trabajadoras del sexo, empleadas en el ámbito de los cuidados o dependientas, hasta la creación de redes internacionales. Al permitir el intercambio entre las integrantes de FAU en un nivel teórico y práctico, les da la oportunidad de proponer y desarrollar ideas concretas y prácticas sindicales en las secciones locales de FAU.

Al agrupar a mujeres, Fem*FAU espera que cobren conciencia de las desigualdades estructurales existentes y las apoya en su auto-organización, para reclamar mejores condiciones de vida y laborales. Como demuestra nuestra experiencia, dirigir nuestras prácticas sindicales al “trabajo femenino” hace que aumente la proporción de afiliadas. Dado que son ellas las que más a menudo realizan los trabajos precarios, FAU, como sindicato de base, les permite organizarse de forma autónoma y conformar sus vidas activamente en todas las áreas. El apoyo mutuo, en la forma de un “sistema de amigas-acompañantes”, se dirige a facilitar su incorporación a las estructuras del sindicato, especialmente en el caso de las afiliadas a FAU que no participan en un sistema laboral asalariado tradicional.

Como auto-organización de las personas empleadas y desempleadas, buscamos mejorar nuestras condiciones de vida y laborales. Esto se consigue, concretamente, a través de los conflictos en los centros de trabajo, así como a través del esfuerzo cultural y educativo anarcosindicalista, la solidaridad y el apoyo mutuo en la vida diaria. No estamos ligadas a los intereses de un Estado ni una Nación, sino al interés común de trabajadores y trabajadoras de todo el mundo por liberarse a sí mismas de la explotación económica y la opresión social. Buscamos superar el capitalismo, el cual, como orden económico dominante a nivel mundial, es un obstáculo central en la emancipación social y la autodeterminación individual. Como sistema de explotación de unas personas por otras, el capitalismo puede ser abolido por la acción colectiva de los trabajadores y las trabajadoras.

Por todo ello, en el espíritu del 8 de marzo, hacemos un llamado a la solidaridad con todas las mujeres, a apoyarlas en sus luchas cotidianas, sean en la esfera privada o en el centro de trabajo. ¡Organicémonos en la lucha por unas mejores condiciones de vida y laborales! ¡La solidaridad es nuestra arma!

Fem*FAU-Initiative
(femfau-kontakt@fau.org)
Freie Arbeiterinnen- und Arbeiter-Union (FAU)
https://www.fau.org

1 incluidas las personas no binarias


Nichts Über Uns Ohne Uns! Lasst uns die Feminisierung der Armut bekämpfen!

Egal ob in der Familie, am Arbeitsplatz oder im öffentlichen Raum – Frauen* stoßen immer wieder auf Diskriminierung, strukturelle Benachteiligung oder sexuelle Gewalt. Gleichstellungspolitik verfolgt mehr und mehr das Ziel, Frauen* zu verwertbaren Arbeitnehmer*innen zu machen. Genau wie Männern* begegnen Frauen* in jedem der genannten Bereiche ausbeuterischen Bedingungen. Jedoch führen patriarchale Strukturen gemeinsam mit den kapitalistischen Verhältnissen dazu, dass Frauen* und ihren Tätigkeiten weniger Wert beigemessen wird. Die vorherrschende geschlechtsspezifische Bildung und Erziehung verstärken das Bild von Frauen* beispielsweise als emotionale Care-Arbeiter*innen und zwar nicht nur in der Gesellschaft, sondern auch bei Frauen* selbst. Das Resultat ist, dass sie auf dem Arbeitsmarkt für ihre Arbeit schlechter bezahlt werden als Männer*, sowohl für die gleiche Arbeit als auch für Arbeiten, die als „Frauen*tätigkeiten“ wahrgenommen und bewertet werden. In der Folge sind sie häufiger prekären Arbeitsbedingungen ausgesetzt und öfter von Arbeitslosigkeit und (Alters-)Armut bedroht, es findet also eine „Feminisierung der Armut“ statt.

Niedrigere Löhne, Schikanen oder sexuelle Belästigung sind Teil der ausbeuterischen Arbeitsbedingungen und Formen der Diskriminierung von Frauen*, die sie nicht nur am Arbeitsplatz erfahren. So übernehmen Frauen* im Privaten die tradierte, ihrem Geschlecht zugeschriebene Rolle, was für sie unbezahlte Fürsorge-, Haushalts- und Erziehungsarbeit bedeutet. Gleichzeitig wurden solche Aufgaben, wie Pflegearbeit, Haushaltshilfe, Kinderbetreuung sowie auch Sexarbeit entlang den Geschlechterlinien auf dem kapitalistischem Markt käuflich zugänglich gemacht. Diese Arbeiten sind jedoch unterbezahlt, befristet, illegalisiert, stigmatisiert und bleiben mehrheitlich ohne soziale Absicherung. Obwohl die prekarisierten Frauen* meistens lebenswichtige Arbeiten in der Gesellschaft übernehmen, haben sie selbst einen geringeren Spielraum, um ihr eigenes Leben zu gestalten.

Sich dieser sozio-ökonomischen Zwänge bewusst, hat sich innerhalb der FAU eine Feministische Initiative (Fem*FAU) gegründet, die den Kampf der Frauen* um ihre Selbstbestimmung im Alltagsleben, z.B. am Arbeitsplatz, beim Jobcenter, in der Gewerkschaft, aber auch in der Familie unterstützt. Um der Unterrepräsentation von Frauen* in der Gewerkschaft entgegenzuwirken, gilt es die Frage zu beantworten: Wozu brauchen Frauen* Gewerkschaft? Während unseren Fem*FAU-Treffen haben wir u.a über folgende Probleme der FAU-Mitglieder diskutiert: unbezahlte Reproduktionsarbeit, Sexismus am Arbeitsplatz, Rechte von Sexarbeiter*innen und hierarchische Geschlechterverhältnisse. Als Basisgewerkschaft, die für eine gleichberechtigte Gesellschaft kämpft, nimmt sich die FAU diesen Themen nun erneut explizit an. Es gibt keine Kritik am Kapitalismus ohne die Kritik am Patriarchat! Frauen* brauchen eine Gewerkschaft, die es ihnen ermöglicht, sich selbst zu organisieren. Deshalb arbeiten wir gemeinsam an einer Strategie, die nicht nur der Unterrepräsentation von Frauen* in der gewerkschaftlichen Praxis entgegenwirkt, sondern auch den Benachteiligungen in allen Bereichen der Gesellschaft aktiv entgegentreten kann. Das Praxisspektrum ist dabei weit gefasst, von anti-sexistischer Beratung, Auseinandersetzung mit theoretischen Konzepten über Organisation von Sexarbeiter*innen, Erzieher*innen oder Einzelhandelskauffrauen* bis hin zu internationaler Vernetzung. Der Austausch der FAU-Mitglieder, sowohl auf theoretischer als auch auf praktischer Ebene, bietet ihnen die Möglichkeit, konkrete Ideen in die lokalen FAU-Syndikate zu tragen und umzusetzen.

Mit der Vernetzung von Frauen* will Fem*FAU das Bewusstsein für die bestehenden strukturellen Ungleichheiten schärfen und sie dabei unterstützen, sich im Kampf für bessere Lebens- und Arbeitsbedingungen zu organisieren. Unsere Erfahrungen zeigen, dass sich durch die Fokussierung der gewerkschaftlichen Arbeit z. B. in Frauen*-dominierten Bereichen auch der Frauen*Anteil in der Gewerkschaft erhöht. Da es meistens Frauen* sind, die prekäre Jobs ausüben, bietet ihnen die FAU als Basisgewerkschaft eine Gelegenheit, sich zu organisieren und anhand des Wissens- und Erfahrungsaustauschs ihr Leben in allen Bereichen aktiv zu gestalten. Durch gegenseitige Unterstützung z. B. in Form von „Buddy-Systemen“ sollen einladende und niedrigschwellige Strukturen vor allem FAU-Mitgliedern, die keiner klassischen Lohnarbeit nachgehen, den Einstieg erleichtern.

Als Selbstorganisation von Lohnabhängigen, also Arbeiter*innen, Angestellten, Arbeitslosen, Schüler*innen und Student*innen, streben wir danach, unsere Arbeits- und Lebensbedingungen zu verbessern. Dies geschieht insbesondere durch gewerkschaftliche Kämpfe, aber auch durch anarchosyndikalistische Kultur- und Bildungsarbeit, Solidarität und gegenseitige Hilfe im Alltag. Wir sind nicht an das Interesse einer Nation oder eines Staates gebunden, sondern an das gemeinsame Interesse aller Lohnabhängigen weltweit, sich von wirtschaftlicher Ausbeutung und sozialer Unterdrückung zu befreien. Wir streben danach, den Kapitalismus zu überwinden, der als dominierende Wirtschaftsordnung der Welt ein zentrales Hindernis für soziale Emanzipation und individuelle Selbstbestimmung darstellt. Nur durch kollektives Handeln können wir der kapitalistischen Ausbeutung etwas entgegensetzen.

Deshalb rufen wir in der Tradition des 8. März zur Solidarität mit allen Frauen* auf, um ihre alltäglichen Kämpfe, egal ob zu Hause oder am Arbeitsplatz, zu unterstützen. Organisieren wir uns gemeinsam im Kampf für bessere Lebens- und Arbeitsbedingungen für alle! Solidarität ist unsere Waffe!

Fem*FAU-Initiative
(femfau-kontakt@fau.org)
Freie Arbeiterinnen- und Arbeiter-Union (FAU)