Juntas paramos, juntas avanzamos – 2. Huelga General 8M

Juntas paramos, juntas avanzamos – 2. Huelga General 8M


La Confederación Nacional del Trabajo apoya al llamamiento de huelga de los movimientos feministas convocando huelga general para el 8M.
Porque creemos que la violencia económica debe seguir encontrándonos de frente.
Porque reconocemos el inmenso valor del cuidado, tan interesadamente obviado por el capitalismo salvaje.
Porque creemos que la violencia sexual, al fin en cuestión, al fin fuera del armario, nos afecta en todas las dimensiones de la vida y atenta contra la libertad tanto íntima como pública.
Porque creemos en la necesidad de defender la diversidad afectivo-sexual, en una sociedad en la que la libertad sexual permita que cada cual haga con su cuerpo, su género o su sexualidad lo que desee.
Porque saludamos la compañía de los feminismos racializados, tan necesarios, de los que tanto tenemos que aprender de nuestro propio privilegio.
Por todo ello, el 8 de marzo saldremos a la calle, y animamos a todas y todos a participar en una movilización que impulse las olas de esta marea morada.

Sobre el anarquismo y las relaciones de poder. La feminista escondida.

Sobre el anarquismo y las relaciones de poder. La feminista escondida.

No es necesario estar especialmente formada para ser anarquista, en mi opinión. El concepto de Justicia Social es una hebra que cose a cada persona con la realidad, hasta hacerte sentir realmente incómoda. Deshacerse de los conceptos interiorizados y enfrentar la experiencia desde la perspectiva de la lucha, ese ha sido mi aprendizaje. La vida orgánica, asambleas, la oportunidad de tener voz y cuerpo y ser agente de cambio fuerza una torsión en tí, de una manera indescriptible. Y poco a poco lo demás, la teoría, se va aprendiendo.

Escribir puede ser un ejercicio de aprendizaje personal, también. Escribir sobre lo que significa ser mujer. Podría llenar páginas de letras y alusiones, vidas entrecomilladas, referentes en la lucha, pero al fin y al cabo no dejan de ser actos ajenos. Es absurdo negar la influencia de otros pensamientos sobre la vida propia, pero quizá sea por mi momento personal, por la percepción cada vez más cercana del paso del tiempo en mí misma, pero por esta vez, prescindo de mirar alrededor para observar lo que pasa en mi como persona, como mujer, como trabajadora y como madre enfadada con las imposiciones de lo que se supone que debo ser.

No tengo ningún pudor ya. No más de lo que se me exige. Sigo sin poder mantener una relación sana sin haberme depilado porque veto mi propia naturaleza. Mientras concierto una cita con la esteticién de turno, me dedico a compartir por las redes sociales imágenes iracundas que representan mi lucha contra las imposiciones estéticas del sistema. Me consuela pensar que muchas como yo hacen lo mismo. Reclamar nuestro espacio entre arrugas y canas mientras peleamos cada signo que nos hace sentir borrosas ante nosotras mismas. Capitalismo e ilusión de eterna juventud. No es fácil tocarse en una piel rota por los años.

Entre tanto, reclamo mi derecho a mi yo sexual. Me niego a no sentirme deseada, me niego a desearme yo. No encajo en las tallas de los maniquís de las tiendas de ropa interior, no encajo en ninguna parte. Ando en el limbo de las que aún pueden mirarse al espejo cerrando un ojo. Pero deseo, y quiero ser deseada. La mujer como reclamo auto erótico, eso soy yo. Follar sin complicaciones y buscar la propia satisfacción es también uno de los ejercicios de aprendizaje de la vida. No sentirse doblegada, saber imponer un no, y asumir la carga de orgasmos fingidos que llevamos a nuestras espaldas las mujeres que, como yo, aprendimos desde pequeñas que la virtud era un don sometido a vuestra masculinidad.

El amor libre, la anarquía relacional, libertad sexual, relaciones abiertas… Metáforas de personas que buscan nuevos modelos encajadas en viejas ropas.

Ya no existen los entornos seguros. Ni siquiera dentro del anarcosindicalismo. Al contrario de lo que se pueda pensar, el respeto y el aprendizaje feminista no se adquiere por ciencia infusa cuando te dan el carnet de afiliada. Y descubres que una vez más, tu voz y tu lucha se disipan en tus genitales. Compañera es sólo una palabra, no es una realidad. Sigo en mi empeño de no citar, pero si quiero crear aquí un espacio de reflexión para todas aquellas personas que hayan reivindicado alguna vez la lucha feminista como inherente dentro de la anarquista y no como un proceso aparte. Tu lucha por las mejoras de las condiciones laborales no te convierte en feminista. Leer o compartir en redes en manoseado extracto de Durruti hablando de sus responsabilidades en el hogar no te convierte en feminista. Planear un almuerzo fraternal en el local de sindicato y aportar una fiambrera con lo que quiera que haya preparado tu pareja en casa, eso dice lo que eres. Acudir a las asambleas mientras tu pareja ejerce el trabajo de cuidados en casa sola, eso dice lo que eres.

Los estatutos no son más que palabras. Ser una organización feminista por definición no es más que eso. Se impone urgentemente un debate para reflexionar sobre lo que realmente implica para una organización anarquista el incluir la palabra feminista en su descripción.

Las feministas no somos madres. Luchamos entre teorías de crianza, algunas con regusto a tiempos más rancios de anclaje de la mujer al bebé. Si deseamos incorporarnos al mundo laboral se nos critica por ser unas esclavas del sistema y un engranaje más dentro del esquema de producción. Quedarse en casa y ejercer de madre absoluta, diseñando con tus propias manos los juguetes montessori y tejiendo las mantitas de estimulación temprana empieza a ser una opción para muchas mujeres. Es cierto sin embargo que esta segunda alternativa necesita un socio capitalista como
sustentante del hogar. Y que, a mi parecer, anula muchas facetas de la mujer – persona, convirtiéndola en mujer-madre. Pero ¿quién soy yo? Una madre educada por un pediatra.

Y luego estamos esa masa de mujeres que compatibilizamos nuestra progresión personal y laboral con una maternidad asfixiante por lo que demanda. Y nosotras, precisamente, somos las que hemos sido expulsadas del edén confederal. Nosotras, las que le enseñamos a nuestras criaturas la igualdad, las que ejercemos de juez y parte, no tenemos cabida en asambleas tardías, en reuniones entre semana a horas de imperativo descanso infantil, las que cargamos con tres mochilas para acudir a manifestaciones. Nosotras estamos solas.

Pocos son los sindicatos que escuchan las demandas de un colectivo que realmente no queremos estar en ningún otro sitio. Que las organizaciones sindicales sigan siendo espacios eminentemente masculinos no hace que nadie se siente y reflexione sobre lo que estamos haciendo mal para que nosotras, las que sabemos conciliar porque no tenemos más remedio, ocupemos nuestro espacio en la lucha. Y si no luchamos nosotras, ¿quién lo hace por nosotras? Estamos solas. Apelar a la sororidad en estos casos no es más que evidenciar lo aislado de nuestra existencia.

Es 8 de marzo. Se convoca una huelga feminista, una huelga laboral y de cuidados. Me pregunto si las organizaciones convocantes se van a encargar de enviar alguien a mi casa para hacer todo ese trabajo invisible de cada día o si directamente se presupone que voy a alimentar a mi hijo con una sonda nasogástrica, o a dejarle el almuerzo en un comedero para gatos con una nota amarilla en él: “Nos vemos mañana. Tu mami que te quiere”. Me pregunto también si todos los correos que me están llegando con información sobre cómo secundar la huelga los están recibiendo las personas que, al menos por un día, deberían ponerse mis zapatos de tacón alto y dejarme ejercer mi derecho a gritar por las calles que sigo siendo una persona.

Es 8 de marzo, de cualquier forma. Y soy mujer. Y esté donde esté, soy anarcosindicalista. Mis incongruencias entre lo que siento y cómo vivo me unen a otras mujeres que también hablan a media voz sobre la ilusión de lo que nos gustaría hacer cuando seamos mayores. Las mujeres que luchan, compañeros, no tenemos edad. No somos madres, no somos trabajadoras, no somos nadie. Y tenemos un día al año para reclamar dignidad, para recordar que, en cualquier entorno, pero especialmente en el anarquista, somos voces al mismo nivel que vosotros. No somos Emma Goldman, no queremos serlo, ni Susan Brown, ni tantas otras. No nos hacen falta modelos de referencia porque estamos creciendo y nos damos cuenta del vacío a nuestro alrededor. Nosotras, compañeros, estamos ahí. Nosotras, las feministas invisibles.

Cristina Cobo Hervás

Caminando hacia la Huelga General 8M

Caminando hacia la Huelga General 8M

Los sindicatos que firmamos este manifiesto hacemos un llamamiento a todas las mujeres, bollos y trans del sur de Madrid a que secunden y apoyen la huelga feminista del 8M convocada por la Comisión 8M del Movimiento Feminista Estatal.

Porque nosotras somos las pobres, las precarias, las migrantes, las trabajadoras del sexo, las paradas, las desahuciadas. A las que la crisis golpea con más fuerza porque a nuestras casas llegó antes que a los barrios más pudientes. Somos las invisibles y las marginadas, a las que no les dan voz porque nuestra opinión parece que no importa. Pero también somos las más guerreras, nuestra forma de vida es una lucha constante: para llegar a fin de mes con nuestros trabajos precarios a veces sin ni siquiera contrato, con nuestros hijos porque la conciliación familiar es algo con los que los políticos se llenan la boca pero que nosotras no hemos llegado a ver, en casa, con ese reparto de tareas en el que nosotras trabajamos fuera y también dentro de casa. Luchamos por quien amamos, para intentar normalizar una situación en nuestros barrios que para nosotras es totalmente normal, porque solo estamos amando a una persona, sin importar su género.

Llamamos a la huelga a nuestras vecinas, nuestras hermanas, madres y amigas porque el eslogan de la huelga, ‘SIN NOSOTRAS SE PARA EL MUNDO’, en el sur de Madrid está más presente que nunca, nosotras somos las que limpiamos sus casas, cuidamos de sus hijos e hijas y de sus mayores, las que trabajamos en sus empresas y las que les servimos el café de la mañana, sin nosotras las y los de arriba no son nadie.

Dicen que el feminismo está de moda, pero no el nuestro, el nuestro sigue siendo incómodo y combativo, no utilizamos buenas palabras para expresar nuestra rabia y frustración cuando sufrimos las injusticias diarias por nuestro género, tendencia sexual o clase social. Somos las que estamos en las puertas de las empresas megáfono y bandera en mano reclamando nuestros derechos y exigiendo mejoras laborales, las que paramos los desahucios haciendo piña contra la policía, las que están en las manifestaciones por una sanidad pública y de calidad a la que no la llegan los fondos públicos porque los políticos los reparten entre sus amigotes, las que pelean por una buena educación para sus hijos e hijas, las que estamos en las protestas estudiantiles.

Os llamamos a todas a la huelga porque nos están matando. Nos mata quien dice amarnos, nos mata quien recorta la inversión en violencia de género, nos mata quien recorta en educación. Nos mata quien en vez de dar una noticia y llegar a la raíz del problema, se detiene en detalles morbosos y escabrosos. Nos matan, nos cuestionan quienes se supone que están para hacer justicia, jueces y policías.

Llamamos a la huelga también a nuestros vecinos, hermanos, padres y compañeros, a aquellos que comparten nuestra lucha diaria, para que ese día están a nuestro lado, apoyando. Porque la discriminación por cuestión de género es algo que nos atañe a todas y todos.

Las y los anarcosindicalistas luchamos por una sociedad en la que cualquier forma de autoridad sea abolida. Queremos que todas las personas, independientemente de nuestro sexo, podamos vivir, desarrollarnos y relacionarnos en pie de igualdad y de libertad. Por eso exigimos:

  • Equiparación salarial: La brecha salarial alcanza niveles vergonzosos y se concreta en la menor retribución de las mujeres por trabajos equivalentes, infravaloración de categorías tradicionalmente femeninas o diferencias salariales entre sectores feminizados y masculinizados.
  • Acceso igualitario al empleo, la promoción y la formación.
  • Fin de la precarización del empleo de las mujeres: los contratos temporales, parciales con jornadas extenuantes fuera de contrato o los trabajos por horas sin cotización o sin contrato son una epidemia en las condiciones de trabajo de las mujeres.
  • Reconocimiento del trabajo de cuidados realizado en su gran mayoría por mujeres sin remuneración.
  • Medidas efectivas contra el acoso sexual hacia las mujeres en el ámbito laboral.
  • La implantación obligatoria de planes igualdad en todas las empresas.

Necesitamos que todo cambie para poder hablar de igualdad y por eso el 8M saldremos juntas a la calles.
Súmate a la huelga general de mujeres del 8M “PORQUE SIN NOSOTRAS SE PARA EL MUNDO”.

CNT COMARCAL SUR
CNT ARANJUEZ
CGT ZONA SUR