Fuenlabrada – 22 de abril

Fuenlabrada – 22 de abril

Desde CNT Fuenlabrada, os queremos invitar este domingo 22 de abril a pasarlo juntas y disfrutar  de un montón actividades.

Nosotras creemos que no es suficiente un solo día al año de protesta, que el resto de los 364 días seguimos existiendo. Que nuestra lucha sigue presente por los derechos y libertades de las mujeres en todos los ámbitos de nuestro día a día. Juntas seguir construyendo y lograr destruir al patriarcado.

Por eso nosotras seguimos con nuestras jornadas PARA SEGUIR VISIBILIZANDO LA LUCHA FEMINISTA.

JUNTAS Y FUERTES FEMINISTAS SIEMPRE

Desigualdad o patriarcado? Una reflexión desde la conciencia de clase  y otras formas de dominación

Desigualdad o patriarcado? Una reflexión desde la conciencia de clase y otras formas de dominación

El patriarcado no tiene clase, pero el feminismo sí. Hay varios tipos de feminismos y el feminismo que tiene conciencia de hasta dónde permea verdaderamente el patriarcado es un feminismo de clase, anticapitalista, antirracista, anticolonial, y consciente de que distintas formas de opresión se retroalimentan. No quiero tomar aquí una actitud beligerante contra otros feminismos que no compartan las ideas que yo aquí voy a exponer. Lo que me gustaría es llamar la atención sobre el hecho de que, a pesar de que parece que en los últimos años se ha tomado conciencia de la cuestión de género, todavía el patriarcado como tal, y su inseparable relación con el estado, el capitalismo y la guerra, estén relegados a los núcleos duros del feminismo radical. Hay que empezar a llamar a las cosas por su nombre y decir basta al hecho de que parezca que la violencia de género, el reparto desigual de las tareas domésticas o la brecha salarial, son cosas diferentes entre sí, y que éstas y nuestro sistema político y económico no tienen nada que ver. Todas esas formas de violencia y explotación están ligadas y no se trata sólo de desigualdad. Ni siquiera se trata sólo de violencia física y emocional, se trata también de explotación y de control, de un sistema a fin de cuentas que desde la familia y la escuela hasta el trabajo y el estado reproduce dinámicas, relaciones y estructuras que sistemáticamente otorgan esa capacidad de control, explotación y de ejercer diferentes formas de violencia y opresión contra niñas, mujeres y ciertas masculinidades que se tachan de femeninas. Es por tanto difícil echar a un lado al patriarcado de manera independiente con leyes que simplemente atenúen aspectos de las relaciones de género.

El patriarcado tiene dos grandes pilares: el sexual y el económico. El control sexual es una forma de repartir la riqueza y el trabajo. Casilda Rodrigáñez argumenta que el patriarcado se ha desarrollado a base de reprimir y controlar la sexualidad femenina y maternal (tanto de las madres como de la prole) hasta convertirlas en objeto de satisfacción masculina, en algo doloroso o incluso en algo vergonzoso y reprobable. Las mujeres han perdido conciencia de sus úteros, sus orgasmos suelen reducirse al clítoris, sus partos suelen ser dolorosos y a l@s hij@s hay que separarlos pronto del regazo y el pecho materno. Como la propia Rodrigáñez ha estudiado, el paso de sociedades reguladas por el placer y lo matrístico (que no matriarcal, cf. Humberto Maturana) en el paleolítico y el neolítico a sociedades basadas en la ley de Dios, del rey o del librecomercio, indica en gran medida cómo nuestras instituciones políticas y económicas son en sí mismas instituciones patriarcales. Son instituciones que estructuran las relaciones políticas y económicas, incluyendo las familiares y sociales, en jerarquías donde el género impone una posición subordinada a la mujer y a lo femenino.

Esta posición subordinada tiene consecuencias sobre el reparto de poder simbólico y material, la riqueza y los tipos de trabajo. Es más, tal y como han apuntado teóricas de la economía de cuidados (aquí y aquí por ejemplo), la posición subordinada de la mujer juega un papel regulador en la economía puesto que permite que muchas tareas necesarias para la sociedad se sigan haciendo de manera gratuita o a muy bajo coste, para que otras puedan ser altamente remuneradas, incluso si su utilidad para la sociedad es escasa. De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística de 2017, en España, un 84% de las mujeres se involucra en tareas domésticas frente a un 42% de los hombres, y un 95% frente a un 68% en el cuidado y educación diaria de hijos. Las mujeres en España emplean de media un 26% a trabajos no remunerados, además del 33.9% de las horas que emplean en trabajar. De la misma encuesta se desprende que las mujeres a tiempo completo pueden pasan un 65% de su tiempo trabajando entre un tipo de trabajo y otro. En los hombres esto se reduce a un 56.3%, haciendo una media de 14% de horas no remuneradas. Esto no es sólo una cuestión de desigualdad, o de cómo generaciones anteriores nos han legado el reparto de tareas domésticas y de cuidados, esto es un efecto de cómo el capitalismo patriarcal mantiene así el trabajo remunerado, los mejores salarios y el manejo de la economía en manos de los hombres – como algo natural – y a las mujeres como colectivo regulador dependiente de las obligaciones de cuidados y las necesidades del mercado.

Esta forma de regulación viene además sustentada por el sistema de clases, al que habría que añadir otras formas de opresión como la raza, la etnia o la edad. Cuanto más poder adquisitivo, más posibilidades de acceso a puestos mejores pagados, menos trabajo no remunerado y viceversa. Ya lo decía el antropólogo Paul Willis: los hijos de curritos generalmente terminan siendo curritos. En los últimos años en España los trabajos manuales intensivos en la agricultura, la construcción, el turismo y los servicios del hogar han sido copados por personas inmigrantes. Esto ha provocado a su vez un incremento de la pequeña burguesía española (blanca, paya), sobre todo en el período anterior a la crisis. A pesar de que la productividad de estas personas ha sido la base de la expansión económica hasta el 2008, fueron las inmigrantes, las más castigadas por la crisis – casi ¼ del total de empleos perdidos entre el 2008 y el 2013 estaban ocupados por inmigrantes. La capacidad que tiene la economía para enriquecer a unos sectores de la población en detrimento de otros se basa precisamente en la estratificación por clase, género, color, edad, etc.

Terminar con esta explotación sistemática o incluso empezar a desmontarla no implica que más mujeres tengamos acceso a esos puestos lucrativos y de responsabilidad sino que hagamos un examen crítico de porqué ciertos trabajos están remunerados, y cómo, y otros no. A lo primero que nos lleva tal examen es a darnos cuenta de que luchar por la igualdad de género sin luchar por la igualdad de clases es una hipocresía. Pero no quiero aquí enarbolar la bandera de la igualdad. Como lo han dicho feministas negras desde Estados Unidos a Nigeria: luchar contra una forma de desigualdad y no por otra no sólo hace invisible el verdadero funcionamiento de los sistemas de opresión, sino que hace la lucha poco efectiva. Si queremos que cambien las cosas, verdaderamente nos tenemos que plantear el fin del patriarcado, y con él, todos los sistemas de opresión. Es más, como ya lo apuntaban nuestras compañeras de Mujeres Libres, el fin del estado y el capitalismo no provocará el fin del patriarcado, ni el fin del estado y el capitalismo se logrará sin el fin del patriarcado.

El problema que tenemos las mujeres, es que hablar en estos términos, como hablar en términos de ‘capitalismo´, ‘estado, etc’ está bien enraizado en el campo de lo ‘utópico’, ‘lo imposible’, ‘lo radical’, o cualesquiera otros términos represivos. Pero para entender que es posible cambiar tenemos que darnos cuenta de que tanto el patriarcado, como las clases, el estado y el capitalismo no son algo natural o permanente. Son algo creado históricamente. Y como legado histórico-político y social se pueden cambiar, y tenemos la obligación de cambiarlos para las generaciones posteriores.

Las investigaciones antropológicas y arqueológicas de los últimos tiempos están desmontando la narrativa común de la humanidad que es algo como sigue: éramos seres salvajes viviendo en comunidades pequeñas y a medida que hemos ido creciendo en número, sobretodo gracias a la agricultura y al asentamiento sedentario han surgido estructuras políticas y militares complejas y nuestra sociedad actual es la consecuencia natural de ese proceso. Mentira. La evidencia muestra que desde tiempos del paleolítico superior y el neolítico han existido sociedades con estructuras jerárquicas que han sido desmontadas para pasar a ser sociedades más igualitarias y viceversa. Como afirman David Graeber y David Wengrow:

«la evidencia arqueológica sugiere que en los asentamientos con alta variabilidad climática de la última era glaciar, nuestros ancestros remotos se estaban comportando de manera bastante similar: cambiando constantemente entre sistemas de organización social… y sobre el entendimiento de que ningún orden social era fijo o inmutable»

Es posible que el camino tenga que ser hecho a través de pequeñas metas y pequeñas victorias. La #huelgafeminista es una de ellas y está empezando a consolidarse. Si persistimos, es posible que lleguemos a un paro total que provoque cambios necesarios. No es la primera vez. En Estados Unidos en 1909 las mujeres pararon la ciudad de Nueva York para mejorar sus salarios y reducir las horas. En 1961 las mujeres comenzaron una huelga contra la carrera nuclear que empujó al presidente Kennedy a firmar el tratado de prohibición de pruebas nucleares. En Islandia en 1975 un paro de mujeres seguido por el 90% de las mujeres consiguió pasar leyes equitativas al día siguiente en el parlamento. La lucha de las mujeres es larga y digna. Pero no debemos olvidar el objetivo final. Luchemos por una sociedad libre, sin violencia ni explotación.

Marta Íñiguez

Sobre el anarquismo y las relaciones de poder. La feminista escondida.

Sobre el anarquismo y las relaciones de poder. La feminista escondida.

No es necesario estar especialmente formada para ser anarquista, en mi opinión. El concepto de Justicia Social es una hebra que cose a cada persona con la realidad, hasta hacerte sentir realmente incómoda. Deshacerse de los conceptos interiorizados y enfrentar la experiencia desde la perspectiva de la lucha, ese ha sido mi aprendizaje. La vida orgánica, asambleas, la oportunidad de tener voz y cuerpo y ser agente de cambio fuerza una torsión en tí, de una manera indescriptible. Y poco a poco lo demás, la teoría, se va aprendiendo.

Escribir puede ser un ejercicio de aprendizaje personal, también. Escribir sobre lo que significa ser mujer. Podría llenar páginas de letras y alusiones, vidas entrecomilladas, referentes en la lucha, pero al fin y al cabo no dejan de ser actos ajenos. Es absurdo negar la influencia de otros pensamientos sobre la vida propia, pero quizá sea por mi momento personal, por la percepción cada vez más cercana del paso del tiempo en mí misma, pero por esta vez, prescindo de mirar alrededor para observar lo que pasa en mi como persona, como mujer, como trabajadora y como madre enfadada con las imposiciones de lo que se supone que debo ser.

No tengo ningún pudor ya. No más de lo que se me exige. Sigo sin poder mantener una relación sana sin haberme depilado porque veto mi propia naturaleza. Mientras concierto una cita con la esteticién de turno, me dedico a compartir por las redes sociales imágenes iracundas que representan mi lucha contra las imposiciones estéticas del sistema. Me consuela pensar que muchas como yo hacen lo mismo. Reclamar nuestro espacio entre arrugas y canas mientras peleamos cada signo que nos hace sentir borrosas ante nosotras mismas. Capitalismo e ilusión de eterna juventud. No es fácil tocarse en una piel rota por los años.

Entre tanto, reclamo mi derecho a mi yo sexual. Me niego a no sentirme deseada, me niego a desearme yo. No encajo en las tallas de los maniquís de las tiendas de ropa interior, no encajo en ninguna parte. Ando en el limbo de las que aún pueden mirarse al espejo cerrando un ojo. Pero deseo, y quiero ser deseada. La mujer como reclamo auto erótico, eso soy yo. Follar sin complicaciones y buscar la propia satisfacción es también uno de los ejercicios de aprendizaje de la vida. No sentirse doblegada, saber imponer un no, y asumir la carga de orgasmos fingidos que llevamos a nuestras espaldas las mujeres que, como yo, aprendimos desde pequeñas que la virtud era un don sometido a vuestra masculinidad.

El amor libre, la anarquía relacional, libertad sexual, relaciones abiertas… Metáforas de personas que buscan nuevos modelos encajadas en viejas ropas.

Ya no existen los entornos seguros. Ni siquiera dentro del anarcosindicalismo. Al contrario de lo que se pueda pensar, el respeto y el aprendizaje feminista no se adquiere por ciencia infusa cuando te dan el carnet de afiliada. Y descubres que una vez más, tu voz y tu lucha se disipan en tus genitales. Compañera es sólo una palabra, no es una realidad. Sigo en mi empeño de no citar, pero si quiero crear aquí un espacio de reflexión para todas aquellas personas que hayan reivindicado alguna vez la lucha feminista como inherente dentro de la anarquista y no como un proceso aparte. Tu lucha por las mejoras de las condiciones laborales no te convierte en feminista. Leer o compartir en redes en manoseado extracto de Durruti hablando de sus responsabilidades en el hogar no te convierte en feminista. Planear un almuerzo fraternal en el local de sindicato y aportar una fiambrera con lo que quiera que haya preparado tu pareja en casa, eso dice lo que eres. Acudir a las asambleas mientras tu pareja ejerce el trabajo de cuidados en casa sola, eso dice lo que eres.

Los estatutos no son más que palabras. Ser una organización feminista por definición no es más que eso. Se impone urgentemente un debate para reflexionar sobre lo que realmente implica para una organización anarquista el incluir la palabra feminista en su descripción.

Las feministas no somos madres. Luchamos entre teorías de crianza, algunas con regusto a tiempos más rancios de anclaje de la mujer al bebé. Si deseamos incorporarnos al mundo laboral se nos critica por ser unas esclavas del sistema y un engranaje más dentro del esquema de producción. Quedarse en casa y ejercer de madre absoluta, diseñando con tus propias manos los juguetes montessori y tejiendo las mantitas de estimulación temprana empieza a ser una opción para muchas mujeres. Es cierto sin embargo que esta segunda alternativa necesita un socio capitalista como
sustentante del hogar. Y que, a mi parecer, anula muchas facetas de la mujer – persona, convirtiéndola en mujer-madre. Pero ¿quién soy yo? Una madre educada por un pediatra.

Y luego estamos esa masa de mujeres que compatibilizamos nuestra progresión personal y laboral con una maternidad asfixiante por lo que demanda. Y nosotras, precisamente, somos las que hemos sido expulsadas del edén confederal. Nosotras, las que le enseñamos a nuestras criaturas la igualdad, las que ejercemos de juez y parte, no tenemos cabida en asambleas tardías, en reuniones entre semana a horas de imperativo descanso infantil, las que cargamos con tres mochilas para acudir a manifestaciones. Nosotras estamos solas.

Pocos son los sindicatos que escuchan las demandas de un colectivo que realmente no queremos estar en ningún otro sitio. Que las organizaciones sindicales sigan siendo espacios eminentemente masculinos no hace que nadie se siente y reflexione sobre lo que estamos haciendo mal para que nosotras, las que sabemos conciliar porque no tenemos más remedio, ocupemos nuestro espacio en la lucha. Y si no luchamos nosotras, ¿quién lo hace por nosotras? Estamos solas. Apelar a la sororidad en estos casos no es más que evidenciar lo aislado de nuestra existencia.

Es 8 de marzo. Se convoca una huelga feminista, una huelga laboral y de cuidados. Me pregunto si las organizaciones convocantes se van a encargar de enviar alguien a mi casa para hacer todo ese trabajo invisible de cada día o si directamente se presupone que voy a alimentar a mi hijo con una sonda nasogástrica, o a dejarle el almuerzo en un comedero para gatos con una nota amarilla en él: “Nos vemos mañana. Tu mami que te quiere”. Me pregunto también si todos los correos que me están llegando con información sobre cómo secundar la huelga los están recibiendo las personas que, al menos por un día, deberían ponerse mis zapatos de tacón alto y dejarme ejercer mi derecho a gritar por las calles que sigo siendo una persona.

Es 8 de marzo, de cualquier forma. Y soy mujer. Y esté donde esté, soy anarcosindicalista. Mis incongruencias entre lo que siento y cómo vivo me unen a otras mujeres que también hablan a media voz sobre la ilusión de lo que nos gustaría hacer cuando seamos mayores. Las mujeres que luchan, compañeros, no tenemos edad. No somos madres, no somos trabajadoras, no somos nadie. Y tenemos un día al año para reclamar dignidad, para recordar que, en cualquier entorno, pero especialmente en el anarquista, somos voces al mismo nivel que vosotros. No somos Emma Goldman, no queremos serlo, ni Susan Brown, ni tantas otras. No nos hacen falta modelos de referencia porque estamos creciendo y nos damos cuenta del vacío a nuestro alrededor. Nosotras, compañeros, estamos ahí. Nosotras, las feministas invisibles.

Cristina Cobo Hervás

Juntas paramos, juntas avanzamos. Huelga feminista

Juntas paramos, juntas avanzamos. Huelga feminista


La Confederación Nacional del Trabajo apoya al llamamiento de huelga de los movimientos feministas convocando huelga general para el 8M.
Porque creemos que la violencia económica debe seguir encontrándonos de frente. Porque reconocemos el inmenso valor del cuidado, tan interesadamente obviado por el capitalismo salvaje.
Porque creemos que la violencia sexual, al fin en cuestión, al fin fuera del armario, nos afecta en todas las dimensiones de la vida y atenta contra la libertad tanto íntima como pública. Porque creemos en la necesidad de defender la diversidad afectivo-sexual, en una sociedad en la que la libertad sexual permita que cada cual haga con su cuerpo, su género o su sexualidad lo que desee.
Porque saludamos la compañía de los feminismos racializados, tan necesarios, de los que tanto tenemos que aprender de nuestro propio privilegio.
Por todo ello, el 8 de marzo saldremos a la calle, y animamos a todas y todos a participar en una movilización que impulse las olas de esta marea morada.

¡A la huelga, hermanas!

¡A la huelga compañeras, compañeros!

8 de marzo: DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER TRABAJADORA,  DÍA DE HUELGA GENERAL FEMINISTA EN CUATRO CAMPOS

8 de marzo: DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER TRABAJADORA, DÍA DE HUELGA GENERAL FEMINISTA EN CUATRO CAMPOS

Existen mil razones para acudir TOD@S, mujeres y hombres, a la Huelga General el 8 de Marzo y aquí se pretende reflejar algunas de ellas.

Llamar a la Huelga General el día en que se conmemora la lucha de la Mujer Trabajadora, no es sólo una herramienta para denunciar la situación laboral de la mujer, sino que forma parte de una estrategia de lucha contra el patriarcado y la desigualdad entre géneros. Por eso es importante que tanto mujeres como hombres la secunden y con ello dejen patente su rechazo a la sobreexplotación de la mitad del género humano.

Se pretende que esta huelga conste de 4 campos: laboral, cuidados, consumo y estudiantil. Queremos que las mujeres tengamos un papel protagonista y seamos las que estemos en la calle, mientras que nuestros compañeros hombres se mantengas en un segundo plano y si es posible sean los que se queden haciendo los cuidados que habitualmente hacemos nosotras.

Exponemos a continuación algunas de todas las razones que hay para secundar esta huelga general feminista desglosado en los 4 ejes de ésta:

  1. LABORAL

Por lo general las mujeres trabajadoras tenemos que soportar un grado de explotación más elevado que los hombres, desde el momento en que por iguales o similares trabajos la retribución salarial es considerablemente más baja. Tenemos que trabajar más para que se nos reconozca mucho menos. Sufrimos con mayor crudeza la temporalidad y precariedad laboral. También se nos penaliza la maternidad, pues permanecer fuera del trabajo por dedicarse al cuidado de los bebés durante unos años supone que la reincorporación laboral se convierte en un calvario. Incluso llegando a decirnos que si las mujeres que no tienen hijos van a asumir el trabajo de sus compañeras en reducción de jornada por cuidado de hijos.

Es significativo que durante el año 2016, 3 de cada 4 afiliadas a la seguridad social lo hiciera en solo 15 actividades económicas, entre las que destaca una abrumadora mayoría en el sector servicios. Prácticamente un tercio de la contratación femenina en 2016 se concentró en la hostelería y el comercio al por menor.

Se da también la circunstancia de que cada vez que la mujer se incorpora significativamente a un sector laboral masculinizado, los salarios bajan y las condiciones empeoran a una velocidad de vértigo. Un ejemplo claro y reciente es el sector de la prensa.

La realidad laboral que sufrimos las mujeres nos aboca a la pobreza, de ahí que se hable de la “feminización de la pobreza”, con raíces profundas en el sistema de explotación patriarcal, y no solo mientras se está en edad laboral, sino también en la vejez, ya que dos de cada tres pensionistas que no superan el SMI son mujeres. En el 2016, mientras los varones pensionistas percibieron una media de 1.140,37 euros, ellas tuvieron que conformarse con 718,23; es decir, un 37% menos.

En 2016 los contratos indefinidos a mujeres se incrementaron solo en un 0,75%, frente a una aumento del 6,88% de los contratos temporales, estando el número de trabajadoras con contrato temporal dos puntos por encima de los registrados por los hombres. Todos los sectores experimentaron aumentos de la contratación temporal de mujeres por encima de la indefinida. Por tipo de jornada, la mayoría de las personas contratadas a jornada parcial, el 72,61 % eran mujeres mientras que la mayoría de los trabajadores a jornada completa, el 59,30 % eran hombres.

La brecha de género se traduce en unas tasas de actividad y de empleo inferiores a los hombres así como en una tasa de paro 3,03 puntos superior a la masculina.

No se puede obviar el problema del subempleo, que afecta en España a 1,9 millones de trabajadores, de los cuales el 59,09 % son mujeres y el 40,95 % son hombres. El subempleo femenino se concentró, como no, en el sector servicios.

Si se desea más información es interesante acudir a la publicación del Observatorio de las Ocupaciones. 2017 Informe del mercado de trabajo de las mujeres estatal datos 2016de la cual se reproducen algunas gráficas y tablas.

  1. CUIDADOS

Parece que los cuidados pasan invisibles a los ojos de las personas pero diariamente se están realizando cuidados por parte de las mujeres como un trabajo más nada gratificante. Las personas dependientes siempre están a cargo de las mujeres porque los hombres no saben, a lxs niñxs los van a buscar al colegio o a las actividades las madres o las abuelas porque los padres están cansados, la comida la hace ella que cocina mejor y yo mancho mucho, planchar no sé, ir a la compra mi mujer que mira las ofertas, también guarda la compra ella porque lo coloca ordenado y yo lo dejo tirado, el/la niño/a se ha puesto enfermo ya deja la mujer de trabajar para cuidarle, hay que dar de comer al abuelo ya lo da mejor la mujer que tiene más paciencia aunque sea mi padre….

Así podríamos poner mil ejemplos más del trabajo diario de cuidados que hacemos las mujeres y pasa desapercibido. Por eso esta huelga también se tiene que notar en los cuidados porque estamos hartas ya de este papel de cuidadoras que se nos ha impuesto y tiene que ser repartido por igual en cualquier ámbito.

  1. CONSUMO

Gracias a la publicidad sexista a la que nos vemos sometidas las mujeres se nos ve como personas frágiles pero que tienen que ser perfectas, seguir unos cánones de belleza imposibles y ser como a los hombres les gusta para poder triunfar. Por supuesto para conseguir eso hay que consumir todo tipo de productos para ser siempre jóvenes, delgadas, pelo perfecto, no tener celulitis, tacones para estilizar, vestir a la moda y un largo etcétera.

¿Por qué los productos de higiene íntima son tan caros? ¿Acaso la mitad de la población no las necesita una vez al mes? ¿No deberían ser productos de primera necesidad?

Esto ha llegado a tal punto hasta convertir a las mujeres en objetos al servicio de los deseos de los hombres. Si no vestimos, actuamos y vivimos como nos dicen somos susceptibles de ser violadas, maltratadas, matadas o atacadas. Y todo porque nos ven como objetos que se pueden usar cuando se quiera, personas de segunda o tercera con distintos derechos.

Vamos a romper esa cultura machista de que la mujer tiene que ser perfecta y vamos a salir a la calle como nos dé la gana sin sentirnos en la obligación de consumir ningún producto de belleza o con un estereotipo.

  1. ESTUDIANTIL

Analizando la problemática feminista específica al ámbito estudiantil, algunas demandas que se mencionan son: visibilizar a las mujeres en los estudios androcéntricos, revalorizar los estudios feminizados, elaborar planes de estudio con más presencia de mujeres y personas racializadas, utilizar lenguaje inclusivo en la educación, permitir a las estudiantes organizarse libremente y garantizar espacios para ello, mejorar la conciliación laboral y familiar con los estudios, promover la paridad en los cargos universitarios, acabar con la violencia sexual profesores-alumnas y alumnos-alumnas, y establecer mecanismos efectivos para abordar esta violencia. Una de las principales preocupaciones de las estudiantes es asegurarse de que las huelguistas no sean perjudicadas posteriormente. Esto se conseguirá convocando huelga también los sindicatos estudiantiles.

En definitiva, la lucha contra el patriarcado, contra la explotación, contra la pobreza, contra cualquier forma de dominación… no es “cosas de mujeres”, nos incumbe a la totalidad del género humano. A las mujeres por sufrirlo en primera persona y a los hombres porque, desde su papel de privilegio, comparten nuestro ideario y son capaces de pelear por él.

Por ello el 8 de marzo se llama a la huelga general feminista a la totalidad de la clase trabajadora.

La lucha será feminista o no será.

Grupo Anarcosindical de Mujeres – CNT Valladolid

EL PAPEL DEL HOMBRE

EL PAPEL DEL HOMBRE

Uno de los primeros y más destacados debates del movimiento de liberación de las mujeres fue qué lugar ocuparían los hombres en las organizaciones.

Aunque el movimiento de hombres por la igualdad surgió en los años 70 en los países nórdicos, en España no es hasta los años 80 que se empieza a visibilizar este movimiento, cuya entrada en escena ha provocado diferentes reacciones en el seno de las organizaciones feministas.

Existen diversas corrientes feministas, cada una de ellas pone el énfasis en cuestiones diferentes: Feminismo radical “la raíz de todas las desigualdades en todas las sociedades hasta ahora existentes ha sido el patriarcado” , feminismo de la igualdad ”este feminismo reivindica el derecho a ser reconocidas en pie de igualdad con los hombres” , ecofeminismo “el patriarcado establece por igual una situación de dominación y explotación hacia las mujeres y hacia la naturaleza” , feminismo de la diferencia “corriente que aboga por la no equiparación de la dualidad de un género al otro”, feminismo socialista “el patriarcado y el capitalismo es visto como la causa de la opresión de la mujeres” y feminismo anarquista “la manifestación del autoritarismo por eso piensan que la lucha contra el patriarcado es una parte esencial de la eliminación del estado”.

Toda esta variedad de corrientes feministas genera un debate sobre el papel del hombre en las organizaciones que podría llegar a ser interminable.

En algunos casos los propios hombres son acusados por la sociedad patriarcal de promover la cultura del hombre blando, del hombre emocional, del hombre que ha perdido su esencia, en definitiva, del hombre extinguido. Y por otro lado, son las mujeres las que desconfían del papel que el hombre pueda llevar acabo en los movimientos, que no sea otro que el de llevarse el protagonismo y alterar la naturaleza de los debates, tal y como lo ha hecho a lo largo de la historia.

Hay organizaciones que no se oponen a que los hombres participen (pueden ser colaboradores), pero que tienen que coger sus propios espacios y hacer feminismo en ellos y no ocupar el de las mujeres. Hay otras que consideran que los hombres son enemigos, opresores y por lo tanto no hay que contar con ellos sino todo lo contrario.

Desde el Anarquismo (con el que sintonizo) se anhela y se lucha por una sociedad no jerárquica, sin relaciones de poder (opresor/a – oprimido/a), sin privilegios y sin Estado (expresión máxima del autoritarismo).

El Patriarcado no obstante es anterior al Capitalismo y al Estado (aunque el Estado consiguiera reforzar a ambos hasta institucionalizar la desigualdad) y por ello se puede dar tanto en sociedades precapitalistas o pre-estatales, como en sociedades socialistas, o incluso en organizaciones anarquistas. Esa constatación hizo surgir el movimiento anarcofeminista (con el que sintonizo por preclaro y avanzado) de manos de la agrupación Mujeres Libres a comienzos del siglo XX, como organización autónoma dentro del Movimiento Libertario (con su expresión anarcosindicalista en la Confederación Nacional del Trabajo, CNT, la Federación Anarquista Ibérica, FAI, y La Federación Ibérica de Juventudes Libertarias, FIJL).

Las mujeres de esta organización, la gran mayoría afiliadas a la CNT, padecieron la incomprensión de sus compañeros, que no entendieron la necesidad de una lucha específica y autónoma de las mujeres por la problemática particular que padecen dentro de la cultura patriarcal. Ellos luchaban por la libertad de los oprimidos y por la noble causa de la justicia social pero no tuvieron en cuenta la triple represión y explotación a la que estaban sometidas las obreras por parte del Estado, el Capitalismo y el Patriarcado, donde el hombre posee una serie de privilegios por el solo hecho de haber nacido hombre.

Hoy en día nos cuesta entender como estos compañeros combativos contra cualquier injusticia no veían la necesidad de estar hombro con hombro con las compañeras en pie de igualdad. En el mejor de los casos dejaban asistir a las mujeres a los ateneos, sindicatos y organizaciones, donde tuvieron la oportunidad de formarse, pero a la hora de intervenir en los mismos, lo único que provocaba la presencia de las mujeres en estos actos era la risa de sus compañeros. Ante situaciones como esta, las agrupaciones de Madrid y de Barcelona decidieron crear Mujeres Libres, cuestión en la que no estaban de acuerdo no solo compañeros sino también compañeras, porque consideraban que sus reivindicaciones ya estaban incluidas en las luchas de clases. Sin embargo, ellas consideraban que las mujeres padecían doblemente la represión y la subordinación (del Estado y del marido).

Para Mujeres Libres la liberación de la mujer obrera era el objetivo prioritario, porque aquella era una esclava del trabajo, de la ignorancia y de su condición sexual. A pesar de casi un siglo que nos separa la mujer sigue en la mayor parte del mundo en esas mismas condiciones de vida.

Por lo tanto, estoy agradecida a todas aquellas mujeres que con dignidad y valentía, levantaron su voz para que sus ecos llegaran a nuestros días. Y en mí resuenan esas voces del pasado que me hablan de la necesidad de seguir peleando con otras compañeras, y que solo nosotras debemos decidir cuáles son las reivindicaciones específicas de nuestro género.

Los compañeros nos podrán acompañar y apoyar , pero nunca encabezar nuestra lucha.

Carmen Sánchez