¡Nada de nosotras sin nosotras! ¡Contra la feminización de la pobreza!

Ya sea en las relaciones privadas, en el trabajo o en la esfera pública, las mujeres1 se enfrentan continuamente a la discriminación, las desventajas estructuales o la violencia sexual. Las mal llamadas políticas de igualdad hacen de ellas, cada vez más, trabajadoras “utilizables”. Al igual que los hombres, se enfrentan a condiciones de explotación en cada una de estas áreas. No obstante, las estructuras del patriarcado, junto con el sistema capitalista, hacen que se atribuya un valor menor a las mujeres y a su trabajo. La socialización predominante del género y las políticas educativas vigentes refuerzan su imagen prevalente como cuidadoras, no solo en el conjunto de la sociedad, sino también en las propias mujeres. En comparación a los hombres, se les paga menos en el mercado laboral por el mismo trabajo o por tareas que se perciben y se valoran como “trabajo femenino”. Como resultado de esto, están más expuestas a la precariedad y se ven amenazadas más a menudo por el desempleo de larga duración y por la pobreza (en la vejez). Esto es lo que se conoce como “feminización” de la pobreza.

Un salario menor y el abuso o el acoso sexuales forman parte de la explotación en las condiciones laborales, pero también son formas de discriminación contra las mujeres que están presentes fuera del centro de trabajo. En la esfera privada, las mujeres adoptan rasgos de género tradicionales, al realizar tareas que se cree que les corresponden en exclusiva y que están, por lo tanto, asociadas con el género femenino. Esto significa que se hacen cargo de los cuidados no retribuidos, las tareas domésticas y la educación. Al mismo tiempo, los cuidados, tareas domésticas, atención a niños y niñas y el trabajo sexual, se pueden comprar en el mercado capitalista, en el que las tareas se reparten conforme a divisiones de género. No obstante, el trabajo asignado al género femenino está mal pagado, es temporal, ilegal, acarrea un estigma y en su mayor parte no está cubierto por la seguridad social. Aunque las mujeres precarizadas realizan un trabajo fundamental en la sociedad, ellas mismas se ven limitadas en el modo en que pueden conformar sus propias vidas.

Conscientes de estas limitaciones socio-económicas, se ha formado la Iniciativa Feminista de FAU (Fem*FAU). Su objetivo es contribuir a la lucha de las mujeres para su emancipación en la vida cotidiana, es decir, en el centro de trabajo, en la oficina de empleo, en el sindicato y también en la esfera privada. Su escasa participación en los sindicatos nos ha llevado al punto en el que nos tenemos que volver a plantear el siguiente interrogante: ¿para qué necesitan las mujeres a los sindicatos? En nuestras reuniones de Fem*FAU hemos analizado los problemas de las afiliadas a FAU, tales como los cuidados no pagados, el sexismo en el centro de trabajo, los derechos de las trabajadoras sexuales y las relaciones de género jerárquicas. Así, como sindicato de base que persigue una sociedad igualitaria, FAU está retomando estos puntos de forma explícita. ¡No puede haber una crítica del capitalismo sin una crítica del patriarcado! Las mujeres necesitan un sindicato que les permita organizarse por sí mismas. Por eso, trabajamos juntas para desarrollar una estrategia que no solo se enfrente a su falta de participación en los sindicatos, sino que lo haga con la discriminación en todas las áreas de la sociedad. El conjunto de nuestras actividades es muy amplio: desde asesoramiento contra el sexismo, el desarrollo de conceptos teóricos, la organización de las trabajadoras del sexo, empleadas en el ámbito de los cuidados o dependientas, hasta la creación de redes internacionales. Al permitir el intercambio entre las integrantes de FAU en un nivel teórico y práctico, les da la oportunidad de proponer y desarrollar ideas concretas y prácticas sindicales en las secciones locales de FAU.

Al agrupar a mujeres, Fem*FAU espera que cobren conciencia de las desigualdades estructurales existentes y las apoya en su auto-organización, para reclamar mejores condiciones de vida y laborales. Como demuestra nuestra experiencia, dirigir nuestras prácticas sindicales al “trabajo femenino” hace que aumente la proporción de afiliadas. Dado que son ellas las que más a menudo realizan los trabajos precarios, FAU, como sindicato de base, les permite organizarse de forma autónoma y conformar sus vidas activamente en todas las áreas. El apoyo mutuo, en la forma de un “sistema de amigas-acompañantes”, se dirige a facilitar su incorporación a las estructuras del sindicato, especialmente en el caso de las afiliadas a FAU que no participan en un sistema laboral asalariado tradicional.

Como auto-organización de las personas empleadas y desempleadas, buscamos mejorar nuestras condiciones de vida y laborales. Esto se consigue, concretamente, a través de los conflictos en los centros de trabajo, así como a través del esfuerzo cultural y educativo anarcosindicalista, la solidaridad y el apoyo mutuo en la vida diaria. No estamos ligadas a los intereses de un Estado ni una Nación, sino al interés común de trabajadores y trabajadoras de todo el mundo por liberarse a sí mismas de la explotación económica y la opresión social. Buscamos superar el capitalismo, el cual, como orden económico dominante a nivel mundial, es un obstáculo central en la emancipación social y la autodeterminación individual. Como sistema de explotación de unas personas por otras, el capitalismo puede ser abolido por la acción colectiva de los trabajadores y las trabajadoras.

Por todo ello, en el espíritu del 8 de marzo, hacemos un llamado a la solidaridad con todas las mujeres, a apoyarlas en sus luchas cotidianas, sean en la esfera privada o en el centro de trabajo. ¡Organicémonos en la lucha por unas mejores condiciones de vida y laborales! ¡La solidaridad es nuestra arma!

Fem*FAU-Initiative
(femfau-kontakt@fau.org)
Freie Arbeiterinnen- und Arbeiter-Union (FAU)
https://www.fau.org

1 incluidas las personas no binarias


Nichts Über Uns Ohne Uns! Lasst uns die Feminisierung der Armut bekämpfen!

Egal ob in der Familie, am Arbeitsplatz oder im öffentlichen Raum – Frauen* stoßen immer wieder auf Diskriminierung, strukturelle Benachteiligung oder sexuelle Gewalt. Gleichstellungspolitik verfolgt mehr und mehr das Ziel, Frauen* zu verwertbaren Arbeitnehmer*innen zu machen. Genau wie Männern* begegnen Frauen* in jedem der genannten Bereiche ausbeuterischen Bedingungen. Jedoch führen patriarchale Strukturen gemeinsam mit den kapitalistischen Verhältnissen dazu, dass Frauen* und ihren Tätigkeiten weniger Wert beigemessen wird. Die vorherrschende geschlechtsspezifische Bildung und Erziehung verstärken das Bild von Frauen* beispielsweise als emotionale Care-Arbeiter*innen und zwar nicht nur in der Gesellschaft, sondern auch bei Frauen* selbst. Das Resultat ist, dass sie auf dem Arbeitsmarkt für ihre Arbeit schlechter bezahlt werden als Männer*, sowohl für die gleiche Arbeit als auch für Arbeiten, die als „Frauen*tätigkeiten“ wahrgenommen und bewertet werden. In der Folge sind sie häufiger prekären Arbeitsbedingungen ausgesetzt und öfter von Arbeitslosigkeit und (Alters-)Armut bedroht, es findet also eine „Feminisierung der Armut“ statt.

Niedrigere Löhne, Schikanen oder sexuelle Belästigung sind Teil der ausbeuterischen Arbeitsbedingungen und Formen der Diskriminierung von Frauen*, die sie nicht nur am Arbeitsplatz erfahren. So übernehmen Frauen* im Privaten die tradierte, ihrem Geschlecht zugeschriebene Rolle, was für sie unbezahlte Fürsorge-, Haushalts- und Erziehungsarbeit bedeutet. Gleichzeitig wurden solche Aufgaben, wie Pflegearbeit, Haushaltshilfe, Kinderbetreuung sowie auch Sexarbeit entlang den Geschlechterlinien auf dem kapitalistischem Markt käuflich zugänglich gemacht. Diese Arbeiten sind jedoch unterbezahlt, befristet, illegalisiert, stigmatisiert und bleiben mehrheitlich ohne soziale Absicherung. Obwohl die prekarisierten Frauen* meistens lebenswichtige Arbeiten in der Gesellschaft übernehmen, haben sie selbst einen geringeren Spielraum, um ihr eigenes Leben zu gestalten.

Sich dieser sozio-ökonomischen Zwänge bewusst, hat sich innerhalb der FAU eine Feministische Initiative (Fem*FAU) gegründet, die den Kampf der Frauen* um ihre Selbstbestimmung im Alltagsleben, z.B. am Arbeitsplatz, beim Jobcenter, in der Gewerkschaft, aber auch in der Familie unterstützt. Um der Unterrepräsentation von Frauen* in der Gewerkschaft entgegenzuwirken, gilt es die Frage zu beantworten: Wozu brauchen Frauen* Gewerkschaft? Während unseren Fem*FAU-Treffen haben wir u.a über folgende Probleme der FAU-Mitglieder diskutiert: unbezahlte Reproduktionsarbeit, Sexismus am Arbeitsplatz, Rechte von Sexarbeiter*innen und hierarchische Geschlechterverhältnisse. Als Basisgewerkschaft, die für eine gleichberechtigte Gesellschaft kämpft, nimmt sich die FAU diesen Themen nun erneut explizit an. Es gibt keine Kritik am Kapitalismus ohne die Kritik am Patriarchat! Frauen* brauchen eine Gewerkschaft, die es ihnen ermöglicht, sich selbst zu organisieren. Deshalb arbeiten wir gemeinsam an einer Strategie, die nicht nur der Unterrepräsentation von Frauen* in der gewerkschaftlichen Praxis entgegenwirkt, sondern auch den Benachteiligungen in allen Bereichen der Gesellschaft aktiv entgegentreten kann. Das Praxisspektrum ist dabei weit gefasst, von anti-sexistischer Beratung, Auseinandersetzung mit theoretischen Konzepten über Organisation von Sexarbeiter*innen, Erzieher*innen oder Einzelhandelskauffrauen* bis hin zu internationaler Vernetzung. Der Austausch der FAU-Mitglieder, sowohl auf theoretischer als auch auf praktischer Ebene, bietet ihnen die Möglichkeit, konkrete Ideen in die lokalen FAU-Syndikate zu tragen und umzusetzen.

Mit der Vernetzung von Frauen* will Fem*FAU das Bewusstsein für die bestehenden strukturellen Ungleichheiten schärfen und sie dabei unterstützen, sich im Kampf für bessere Lebens- und Arbeitsbedingungen zu organisieren. Unsere Erfahrungen zeigen, dass sich durch die Fokussierung der gewerkschaftlichen Arbeit z. B. in Frauen*-dominierten Bereichen auch der Frauen*Anteil in der Gewerkschaft erhöht. Da es meistens Frauen* sind, die prekäre Jobs ausüben, bietet ihnen die FAU als Basisgewerkschaft eine Gelegenheit, sich zu organisieren und anhand des Wissens- und Erfahrungsaustauschs ihr Leben in allen Bereichen aktiv zu gestalten. Durch gegenseitige Unterstützung z. B. in Form von „Buddy-Systemen“ sollen einladende und niedrigschwellige Strukturen vor allem FAU-Mitgliedern, die keiner klassischen Lohnarbeit nachgehen, den Einstieg erleichtern.

Als Selbstorganisation von Lohnabhängigen, also Arbeiter*innen, Angestellten, Arbeitslosen, Schüler*innen und Student*innen, streben wir danach, unsere Arbeits- und Lebensbedingungen zu verbessern. Dies geschieht insbesondere durch gewerkschaftliche Kämpfe, aber auch durch anarchosyndikalistische Kultur- und Bildungsarbeit, Solidarität und gegenseitige Hilfe im Alltag. Wir sind nicht an das Interesse einer Nation oder eines Staates gebunden, sondern an das gemeinsame Interesse aller Lohnabhängigen weltweit, sich von wirtschaftlicher Ausbeutung und sozialer Unterdrückung zu befreien. Wir streben danach, den Kapitalismus zu überwinden, der als dominierende Wirtschaftsordnung der Welt ein zentrales Hindernis für soziale Emanzipation und individuelle Selbstbestimmung darstellt. Nur durch kollektives Handeln können wir der kapitalistischen Ausbeutung etwas entgegensetzen.

Deshalb rufen wir in der Tradition des 8. März zur Solidarität mit allen Frauen* auf, um ihre alltäglichen Kämpfe, egal ob zu Hause oder am Arbeitsplatz, zu unterstützen. Organisieren wir uns gemeinsam im Kampf für bessere Lebens- und Arbeitsbedingungen für alle! Solidarität ist unsere Waffe!

Fem*FAU-Initiative
(femfau-kontakt@fau.org)
Freie Arbeiterinnen- und Arbeiter-Union (FAU)